Por qué la sutileza del lenguaje callado, de una mirada que atrae para sí la necesaria energía, para poder sobrevivir a todo lo que está por venir, se tendría que perder al no reconocer, que no era el cuerpo el fin anhelado, sino la divinidad del espíritu, que como ángel alado bajara del cielo, para consentir la dicha de la voluntad divina, para crear la unidad infinita que sólo se puede lograr al estar por siempre enamorado.

Por qué la silente vibración de la fina expresión de un sentido apropiado, que sin la necesidad de la vital cercanía, siente lo que no se ha tocado, pero establece el contacto deseado, para establecer el pacto entre dos almas benditas, que transitan en un espacio especialmente diseñado por el Señor, al que llamó el paraíso, para darles solidez a los sueños, convirtiéndolos  en realidad, que al ser tan liviano el contrato, este pueda volar sin extraviarse para poder reintegrarse al origen universal, cuando el amor por fin ha madurado.

Lo edificado sobre la roca, se traduce como la unión indisoluble que mantiene enlazados al hombre y a la mujer por el amor que viene de Dios, de ahí la persistencia de aumentar nuestra fe y la confianza, para no perder la esperanza en lo que realmente tiene valor, en la promesa del Salvador sobre la eternidad anhelada de los que creemos en Dios.

¿Por qué perderse en la nada, cuando se puede ganar la gloría al lado del Creador, siguiendo su divina enseñanza tan llena de amor?

¿Por qué fingir ignorancia cuando se cae en el error, porqué presumir de arrogancia cuando la fuerza humana no refleja el verdadero valor para enfrentar los retos que nos depara la vida?

Estamos muy alejados de la perfección para seguir a Cristo, abramos nuestro corazón para alcanzar su perdón y que nuestro caminar que no pareciera terminar, descanse en la paz al escuchar su Palabra bendita, hagamos un alto en el camino, porque él siempre nos ayudará a alcanzar nuestro feliz destino.

 

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