Y todo por dejarse llevar por sentimientos primitivos, donde las respuestas reflejas se generan asumiendo una actitud defensiva, donde por supuesto está ausente la competencia asertiva, que de estarlo nos podría evitar malos entendidos, y en no pocos casos un desgaste físico y mental que, ante la negación de buscar una salida equilibrada, podría perpetuarse por años, incluso por toda la vida.

Lo paradójico del asunto, es que estas interacciones sociales suelen darse entre personas que comparten una buena afectividad e indiscutible empatía, pero que son muy susceptibles a los efectos de los estímulos discordantes que son señales o datos del entorno que se contradicen entre sí o que no coinciden con lo que la persona espera según el contexto. Esta falta de coherencia genera confusión mental o un conflicto cognitivo porque el cerebro recibe información opuesta al mismo tiempo.

Qué importante resulta utilizar una comunicación franca, transparente y respetuosa para evitar divagaciones en cuanto al mensaje que se está dando, más habría que tomar en cuenta los antecedentes previos antes de que se genere el diálogo, porque el hecho de estar en un estado permeando en ese momento, un estado anémico negativo altera la percepción de la realidad y dificulta una comunicación sana, lo que complica una buena relación, como por ejemplo: Un estado de ansiedad constante donde se evidencia el miedo al abandono, hace que la persona anticipe rechazos que no existen; las reacciones exageradas que provocan respuestas defensivas ante pequeños cambios de humor; el control excesivo donde se busca calmar la incertidumbre exigiendo atención constante; otro de los elementos encontrados es la interpretación errónea, que convierte comentarios neutrales en críticas personales o ataques.

Los celos infundados que nacen del pensamiento de no merecer el afecto de otro, son también condicionantes de respuestas negativas. La dependencia pone el valor personal en manos de otra persona, generando desgaste. Cuando la paciencia se agota, se reduce la tolerancia ante los desacuerdos o errores comunes, ocasionando también eventos indeseables en la comunicación.

La desconexión deja a la persona sin energía mental para escuchar o apoyar, las discusiones frecuentes, convierten cualquier detalle cotidiano en un motivo de discusión.

¿Por qué se nos dificulta tanto mantener ese equilibrio tan necesario para las buenas relaciones humanas? Tal vez, porque el ser humano está inmerso en una lucha interna por aceptarse a sí mismo e inconscientemente busca pretextos para justificar sus imperfecciones; hasta que no madure nuestra plena conciencia, habremos de seguir complicando todo lo que es naturalmente sencillo.

 

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