Y es que has de saber, que en ocasiones y sin sentirlo, nos vamos perdiendo en el tiempo; con cada segundo, minuto, hora o día que pasa, nuestro cuerpo material va dejando en el espacio fragmentos, es tan imperceptible la pérdida, que sólo el espíritu contenido en el cuerpo, es el que lo percibe y como no solemos reconocer nuestra esencia divina, y el mismo espíritu resulta ser desconocido para la mayoría, tratamos de justificar nuestra merma, asegurando que el hecho se debe a las variaciones que existen en el consumo de calorías y su gasto diario de las mismas.
¿Qué importancia podría tener este fenómeno, si realmente su impacto no resulta ser tan dramático y evidente en nuestro ser y en nuestro entorno? Si no tenemos plena conciencia de ello, no le daremos ningún valor y llegado el día de nuestra desintegración absoluta, lo que se apreciará resultará ser el disfraz de lo que fuimos o creímos ser.
Resulta paradójico pensar, que entre cuerpo y espíritu existe armonía, si así fuera, el espíritu no estaría perennemente reclamándole al cuerpo sus desvaríos, esto, por el hecho de poner en riesgo su integridad divina. El mediador entre ambos, resulta ser la mente, es ahí donde se concibe el conocimiento mundano de lo que es el bien y el mal, de hecho, a la mente no parece interesarle la integridad del espíritu, pues son más las veces que permite al cuerpo ser lastimado, ocasionando la pérdida del equilibrio entre ambos, lo que demuestra que más allá de la conciencia, existe lo que han dado en llamar la plena conciencia, en ella la permanencia de la voluntad divina está constantemente reiniciando el plan de Dios poniendo a salvo al espíritu, para qué éste regrese a la fuente de origen y poder ser reenviado a ocupar otro cuerpo para procurar la trascendencia que se requiere para restablecer el orden universal.
Será todo esto sólo una fantasía de una mente ordinaria con tintes literarios, o será una forma de reactivar nuestra conciencia para allegarnos la máxima potencia de nuestro poder totipotencial para regenerarnos, heredado por el Gran Espíritu que creó todo cuanto conocemos y conocieron los seres que nos han antecedido en este proyecto divino.
Estimado lector si logra ponerse a reflexionar sobre el tema, quizás haya empezado a caminar por una nueva vía del conocimiento en busca de la verdad, pero más que preocuparse por este dilema, lo invito mejor a ocuparse en el mismo, porque todo absolutamente todo ya ha sido escrito.
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