Quizá, si estuviera viviendo en otro tiempo, me sentiría feliz por estar disfrutando de unos días sin laborar, pero no ahora, en este tiempo de tanta incertidumbre, donde el vivir se ha hecho sólo costumbre y ya no se aprecia el verdadero valor de la vida.

Quizá, si pudiera tener un plan como ayer, así, como solía hacerlo, describiendo hora a hora todo lo que iba a realizar cada uno de los días de ese corto tiempo, ayer, cuando mi capacidad me daba más para lograr todo lo que me proponía.

Quizá, si tuviera una ilusión más grande que mi desesperación por saber que todo un día termina y yo no he podido terminar ni siquiera de pensar en lo feliz que sería si pudiera lograr aceptar que realmente no vivo tan mal, como creo que me iría si no me quedara nada de energía.

Quizá, si vivieran mis amados amigos estuviera en esta primera hora de esparcimiento, tomándome una copa sin remordimiento, ni temor, y me pondría después de la segunda, tan relajado, que hablaría y hablaría de aquellos buenos días que pasamos juntos en total paz y armonía.

Quizá, si las personas más cercanas a mí, detuvieran su vertiginoso quehacer para soñar, para desear, e igual ilusionarse de lo mucho que aún podríamos hacer, y no empeñarse en sepultarse en la vida de los demás, ya sea por amor o por costumbre.

Quizá mi mundo se derrumbe, pero no será ahora, cuando aún puedo darme cuenta que tengo tiempo suficiente para ponerme al corriente con lo mucho que he dejado atrás.

Quizá esté usted pensando que estoy triste o deprimido, no se equivoque conmigo, lo que pasa, es que siento que mi valioso tiempo ha sido comprimido por estar tratando de que otros sientan lo que estoy viviendo, pero no se dan cuenta, porque están tan ocupados viviendo igualmente la vida de los demás, tal vez, tratando como yo, de resolver el dilema de cómo ser feliz sin tener que pensar en ello.

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