En una ocasión me propusieron que cambiara la narrativa de mi columna porque resultaba más atractivo para la sociedad la información negativa que la positiva, desde luego que no tomé en cuenta esa opinión, porque lo que me llevó a ser, hasta el momento, un redactor generalista, fue la necesidad de transmitir mensajes que pusieran en evidencia las diversas emociones que experimentamos al interactuar con nuestro entorno, y de cómo afectan nuestra salud física y psicológica; mucho ha contribuido a esta labor el hecho del ejercicio profesional de la medicina humana que practico, donde es fundamental el que se pueda generar una relación médico-paciente que privilegie una efectiva y humanista calidad de la atención, lo que garantiza en salud pública el cumplimiento con los objetivos de bienestar a los que tiene derecho todo ser humano.
Se dice que la felicidad es un estado de satisfacción y alegría, y que es diferente en cada persona; para llegar a la satisfacción personal existen muchas rutas y una diversidad de variables que pueden facilitar o complicar el llegar a ella, por eso cada ser humano debe de tener muy clara la visión de lo que necesita para ser feliz, pero sobre todo, debe de ser muy consciente de aquello que le impide llegar a la meta y bloquea toda posibilidad bien intencionada para satisfacer esa necesidad, de ahí que, si estamos conscientes de la existencia de lo negativo y lo positivo, es imprescindible optar por lo segundo, entraríamos en este momento al terreno de la terminología de la tecnología para que mejor me entiendan los jóvenes, es necesario cambiar el chip de las frustraciones y los infortunios, dicho de otra manera, es necesario una reprogramación de nuestro pensamiento y ponerlo en modo feliz.
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