“Querer es fácil; obrar de acuerdo a lo que uno quisiera, es siempre más duro…”
Aldous Huxley
Corría el año 1995.
Era el primer año de la administración municipal de Pascual Ruiz García en Victoria, quien entre sus objetivos se propuso reverdecer un viejo anhelo de los residentes capitalinos y en especial de los comerciantes establecidos en la calle ícono de la capital tamaulipeca: La recuperación y dignificación de la Miguel Hidalgo, en el corazón de la ciudad.
Como señalo, no era nuevo su objetivo. Antes de él, el maestro del periodismo, poeta y dramaturgo, don Alfonso Pesil Tamez, había impulsado constantemente desde sus tribunas –y junto a él otros entusiastas victorenses- hacer de ese espacio un área que fuera orgullo de la localidad y ¿por qué no? también del Estado.
Pascual, empresario y ex dirigente de la Cámara Nacional de Comercio, como alcalde retomó con ímpetu ese proyecto, llevó a cabo un estudio social y urbano y cuando tenía todo listo para llevarlo a cabo se topó con un problema histórico: La invasión masiva de las aceras por parte de vendedores semifijos que habían convertido ya esa calle -y lo siguen haciendo- en un tortuoso y asfixiante laberinto de estrechos pasillos al aire libre.
Intentó el jefe de la comuna resolverlo. Ofreció a los oferentes un espacio definido conectado a esa calle y se comprometió a ayudarlos económicamente y a otorgarles legalidad sobre el uso de piso público.
Su fracaso fue total. Nadie aceptó, formaron un frente que pese a carecer de sustento jurídico mandó a la basura mediante plantones y hasta amenazas, el proyecto de hacer de la Hidalgo un paseo familiar y turístico.
Hoy, la misma CANACO que en su tiempo presidió Pascual Ruiz, hace un nuevo intento de darle a esa calle el señorío de décadas atrás y mediante un plan de trabajo conjunto, recuperar su importancia comercial con el embellecimiento de su arquitectura y modernización de sus servicios. Tan decididos están a echarse a cuestas esa aventura que ya formaron un fondo inicial para financiarlo, cobijados con la idea de que todos colaborarán y lo nutrirán con más aportaciones.
Me pregunto si ya analizaron, con los pies en la tierra, la tarea de romanos antiguos que significará retirar a las decenas y decenas de comercios que no sólo minan la economía de los negocios establecidos al impedir visualizar sus aparadores, sino también significan un riesgo permanente para los peatones al usar la carpeta asfáltica para movilizarse ante los raquíticos espacios que dejan los vendedores.
No quiero ser pesimista, pero dados los antecedentes citados no parece haber buenos augurios en ese sentido. Ojalá me equivoque…
ANOTACIÓN AL CALCE
Sobre este tema, debo hacer una precisión pertinente.
No estoy en contra de la libre micro empresa, como podría llamarse al comercio semifijo, muchos de cuyos beneficiarios con seguridad son buenos ciudadanos, también muchos de ellos padres de familia, estudiantes o víctimas del desempleo, que se esfuerzan a diario para salir adelante. Me parece encomiable que luchen por un sustento dentro de una virtual legalidad.
Sin embargo, este mismo escenario en el que ellos se plantan para sobrevivir, también representa un freno para la dignificación de esa área y un peligro permanente para los viandantes. No se puede soslayar esa realidad y debe buscarse una solución con la participación de todos los involucrados.
Mi reconocimiento a quienes no se rinden en el objetivo de hacer de la calle Hidalgo el espacio amable, alegre y familiar que visualizan en teoría. Ojalá lo logren…
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