La detención del exdirector de PEMEX, Víctor Rodríguez Padilla, acusado de violencia familiar, volvió a poner sobre la mesa un problema que lamentablemente sigue presente en miles de hogares mexicanos.
Las imágenes difundidas por su propia esposa, en las que se observa claramente la agresión física en su contra, provocaron indignación nacional. Horas después vino la detención y ahora será un juez quien determine su responsabilidad.
Ningún cargo público, ningún apellido, ningún puesto de poder debería convertirse en un escudo para quien es señalado por ejercer violencia, no sólo contra una mujer, sino contra cualquier persona.
La violencia familiar no es un problema exclusivo de la Ciudad de México ni de personajes de alto perfil. En Tamaulipas continúa siendo uno de los delitos con mayor incidencia año con año y, lo más preocupante, es que existe una enorme cifra negra de mujeres que nunca denuncian.
Muchas permanecen en silencio por miedo. Miedo a las amenazas. Miedo a las represalias. Miedo a no ser escuchadas. O simplemente porque creen que, por el poder o las influencias de su agresor, nunca pasará nada.
Por eso, casos como la detención del exdirector de PEMEX deben dejar claro que nadie debería sentirse intocable y que ninguna mujer debería pensar que denunciar no sirve de nada.
Lamentablemente todavía queda mucho por hacer para erradicar la violencia contra las mujeres. Hace falta fortalecer las instituciones, agilizar las investigaciones y garantizar que las víctimas reciban protección real.
Pero también hace falta que las mujeres sepan que no están solas y que levantar la voz nunca debería darles vergüenza.
La vergüenza debe recaer siempre en quién agrede.
Si estás atravesando por una situación así, acércate a las instituciones, pide ayuda y no te quedes callada. Romper el ciclo de la violencia puede ser el primer paso para recuperar tu vida.
Que Dios los bendiga, gracias. Leo sus comentarios en mis redes sociales…