“Se conocen muchas clases de necios; la peor es la de los empeñados en demostrar que tienen talento…”
Santiago Ramón y Cajal
Tomás de Iriarte, fabulista, dramaturgo y poeta español del período de la ilustración en el siglo 17, dejó para la posteridad aportaciones que en varios casos son lecciones de vida.
Hoy, para pergeñar estas líneas echaré mis gatos a retozar en el escabroso terreno de la política y me permitiré tomar una de sus fábulas como apoyo, en la que ese literato exhibe la necesaria prudencia que debe uno tener para apreciar la crítica o la alabanza, según sea el caso. Pido licencia para adaptar esa obra y cambiar uno de los protagonistas originales a fin de hacer a un lado al cerdo de la historia y en su lugar integrar al búho, sempiterno símbolo del conocimiento y el buen juicio.
Va entonces, con la dispensa esperada del lector para adecuar el escenario y resumir en poco espacio las copiosas coplas del autor:
Estaba el oso practicando un baile, en el que seguro estaba que sus giros eran de gran arte y al ver al búho que lo observaba, le preguntó qué le parecían sus para él, gráciles piruetas.
El ave no tuvo compasión y le espetó un lapidario “muy mal”. El plantígrado se molestó y reclamó: “Yo creo que me haces poco favor”; ¿No hago el paso con primor?
En eso estaban cuando apareció la mona y soltó un ¡Bravo! ¡Bailarín más excelente no se ha visto ni verá!
El oso reflexionó y consideró que era pesaroso que el búho lo descalificara, pero que era más preocupante que la mona le aplaudiera, sólo por endulzarle el oído. Si el sabio no aprueba es malo, pero si el necio aplaude, es peor, fue la lección aprendida.
¿Qué relación tiene lo anterior con la política?
Bueno, en esta ocasión sirva esa fábula en un sentido parecido, con el sabio y el necio como actores, pero enfocados a reconocer o descalificar un mérito y la importancia de una acción.
Me refiero a la aparición en el terreno electoral de dos nuevos partidos, ya con registro oficial: Somos México (Personas Sumando en 2025, A.C) y Paz (Construyendo Sociedades de Paz, A.C). Como era de esperarse, fluyeron las reacciones negativas emanadas de los apéndices de Morena, para congraciarse con esa corriente.
Una de esas voces fueron domésticas -me refiero a Tamaulipas- como la de Manuel Muñoz Cano, quien tras su fracaso en el PRI, ahora desde el Partido Verde Ecologista lanza lo que para él fue una docta percepción del futuro de esos dos organismos, en donde desde ahora les pronosticó un fracaso en las urnas, bajo el argumento personal de ser, dijo, “proyectos que nacen con ímpetu pero que terminan desvaneciéndose antes de consolidarse en el escenario electoral”.
Y lanzó una especie de condena prematura: “Terminan perdiendo su registro al no alcanzar la votación mínima requerida”.
Bueno, la trayectoria del ex priista no parece arrojar credenciales suficientes para aventurar semejante escenario, cuando las filas donde él militó han sido casi arrasadas por la impericia y ambiciones de sus otroras dirigentes y militantes. Sí, el señor Muñoz Cano fue uno de ellos.
Por lo anterior, vaya un consuelo para quienes se han embarcado en los dos membretes políticos mencionados. No se preocupen por lo que dice el ahora mando verde en el Estado.
Parodiando la obra de Iriarte, cuando la acomodaticia e ignorante mona critica, es cuando se debe pensar que algo anda bien en lo que esos partidos hacen, pero cuidado si en algún momento este personaje les aplaude.
Entonces, sí, preocúpense.
Tal vez ya los tenga en la mira y sea su carta de presentación para en un futuro cercano, tocar la puerta de alguno de ellos para ofrecerse como su salvador…
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