Como que leer las noticias referentes a procesos electorales es denigrante, enoja, cala, decepciona.

No es posible ver que en una elección de cualquier parte se perdonen los delitos de engaño y usurpación de funciones, de cohecho y más.

Porque así consideramos la no observancia de las leyes vigentes, menos, de los institutos políticos de quienes dicen que serán nuestros gobernantes para ser honestos, limpios y que combatirán la corrupción.

No es posible pensar que van a desterrar ese flagelo que amenaza a México y se ha apoderado de nuestra nación irremediablemente, ante la complacencia de las autoridades in- “competentes”, que solapan todo tipo de porquerías.

El caso de Coahuila, donde se habla de gastos extraordinarios no puede quedar impune, y no nos parece justo que multen con determinada cantidad -irrisoria- de dinero a los que con fraudes llegan a una elección.

Se nos ocurre, como ejemplo, que podría hacerse como las licencias de conducir de España: allá, cuando uno infringe la ley se le impone una multa y se le quitan puntos al carnet de conducir, hasta que, llegado un momento, se queda uno sin la licencia correspondiente, misma que puede sacarse después de determinado tiempo.

Imagine el lector si a los deshonestos partidos políticos se les quiten prerrogativas, se les impongan multas, y se les castigue ejemplarmente… ¿cómo?

Se nos ocurre, como el ejemplo de Coahuila, que se ha demostrado que gastaron de más, que se invalide la elección por tener trampas, y que los que se pasaron de dinero, se les margine de participar, es decir, que queden fuera por uno o dos procesos, y la nueva elección se lleve a cabo entre los que se ajustaron al dinero.

Y eso podría, probablemente, arreglar un poco esta suciedad electoral y electorera que vivimos cada elección.

Porque nadie puede negar que se manejó dinero de más en el Estado de México, y hasta se comenta que dentro de las estrategias participaron los casos Duarte y Yarrington, mismos que, según la opinión ciudadana, en un par de meses o tres saldrán en libertad, porque ya cumplieron su misión.

De todos es sabido el costo de los promocionales y objetos que se distribuyen, y cuando leemos la cantidad de dinero que se destina a campañas, no sabemos si nos da risa o coraje… ¿Qué piensan que los mexicanos somos tan… os?

Por favor, que ofenden al grueso de un país que sin chistar dobla la cabeza y obedece, pero por favor, no insulten la inteligencia de la gente. No lo merecemos.

No es precisamente lo mejor el recibir multas estratosféricas, pero seguros estamos que después de la primera, no nos quedarían ganas de infringir nuevamente la ley.

Sucede como cuando propusimos multas de 40 o 50 mil pesos por manejar en estado de ebriedad, certificado por médico legista, y alguien de izquierda nos tachó de locos e inconscientes, porque dijo, era mucho dinero y la gente no gana para eso.

“¿Y por qué tiene la gente que pagar multas si respeta la ley?”, le contestamos. Entonces, somos de la idea de que nuestros legisladores o quien corresponda ajusten la ley para que la gente que infrinja la ley y los topes de campaña pague una fuerte multa, pero además, se vaya castigada -suspendida- al menos, durante la siguiente elección, y en la que deberá repetirse el proceso, aunque ya sin ellos.

A ver qué sienten, y seguramente, podría comenzar a formar un criterio de legalidad que tanta falta nos hace tener y cumplir a los mexicanos, conocidos como una nación de tramposos…

¿Por qué será?

Comentarios: columna.entre.nos@gmail.com