El sonido de la lluvia al caer me despertó temprano, mi mente activó algunos recuerdos de mi infancia, despertó también la inspiración y con ello mi interés para compartirla; asoma pues una frase un tanto poética: “Lluvia eres el preludio de la llegada del invierno”. La naturaleza hizo lo suyo, despidió al verano con una ventisca de aire fresco y la presencia de nubarrones que empezaron a conglomerarse y a no darle cabida a la luz proveniente del sol.
Inspirado estaba, hasta cuando se presenta un apagón sorpresivamente, antes de lamentar tan amarga situación pensé: “El hombre propone y Dios dispone”, así es que no me quedó más remedio que poner en práctica el plan B, la hora del desayuno llegaba y con ello, el reloj biológico sonó la alarma para que iniciara el consumo de alimento, pero con aquella semioscuridad del hogar, y los deseos de mi dama de seguir prolongando su descanso en cama, sutilmente le propuse ir a un restaurante; a ella le pareció adecuado el cambio de planes, de otra manera tendría que preparar el desayuno en casa y la verdad no estaba en su ánimo de hacerlo, pues toda la semana trabaja en ello y resulta fatigoso el continuar las rutinas de lunes a viernes.
contentos nos dirigimos a uno de sus lugares favoritos para tomar alimentos y resulta que era demasiado temprano y tuvimos que esperar la apertura oficial del local; como buenos mexicanos acostumbrados a esperar, fuimos pacientes, y cumpliéndose el requisito fuimos los primeros clientes; mientras esperamos el servicio disfrutamos de una buena charla y abordamos el tema de la buena comunicación entre las parejas, estuvimos de acuerdo en la importancia de saber escuchar y en la claridad de los mensajes para su buen entendimiento, ya que es frecuente que ocurran distracciones o distorsiones involuntarias que entorpecen la buena plática; entre las más frecuentes en los tiempos actuales, está el uso de los teléfonos celulares, que están causando una adicción perniciosa que ya es causal de rompimiento de relaciones, y tocando el tema, aproveché el momento para preguntarle: ¿Mi amor, nunca te has preguntado por qué llevamos un poco más de medio siglo de estar juntos matrimonialmente?
Ella se me quedó mirando evidenciando extrañeza, y contestó: “Yo creo que es porque nos amamos. Lo dices bien, le contesté, el amor es la base fundamental que da solidez a los matrimonios, pero existiendo personalidades diferentes entre hombre y mujer, le corresponde al hombre ceder y conceder la razón a la mujer, aunque pudiera no estar de acuerdo; sólo respetando la opinión de su cónyuge, se puede evidenciar que el amor verdadero existe, y no con ello se demuestra debilidad, o renuncia a defender su propia opinión, siempre habrá manera de comunicarse sin lastimar a su pareja.
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