“¡Oh cuán buena y cuán dulce cosa es vivir los hermanos en mutua unión! (Salmo 132).

Hay días buenos y mejores, hoy me encuentro feliz por la llegada inesperada a mi pequeño jardín de una parvada de colibríes, hace cuatro años sólo habitaban dos, a los dos años siguientes apareció un tercero, y actualmente ocurrió lo citado en un inicio de la presente narrativa.

Mi madre solía decir que la presencia de estas avecillas en un hogar era una bendición y yo he aceptado este principio para abrirme a la oportunidad de obtener una consciencia más pura y aceptar que todo pudiese estar transmitiendo un especie de llamado para poner el orden, esto, cuando esté enfrentando algún caos existencial motivado por los factores desagradables que experimento internamente al no poder lograr allegarme la armonía y la paz que tanto necesitamos en estos tiempos, esto, debido a los múltiples eventos desfavorables que están ocurriendo en nuestro país y en el resto del mundo; llamado que está despertando a mi alma que en ocasiones permanece dormida o atrapada en el mundo material; esto vendría significar un estado de atención a mi parte espiritual para aceptar la corresponsabilidad en la apatía que nos mantiene en un estado de aparente confort, aceptando lo inaceptable.

Regresando a la proyección simbólica de la presente narrativa y apegándonos al significado bíblico de los números, podríamos con respeto decir que, si al principio llegaron al hogar 2 colibríes, esto nos diría que es imprescindible la confirmación de unidad con el Señor nuestro Dios, el numero 3 contar con perfección divina o la Santísima Trinidad y el número diez simbolizando el orden completo, la ley y la responsabilidad humana en el mantenimiento de la paz global. Espiritualmente, esto refleja la ley del eterno retorno y el destino (Alfa y Omega).

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