Nadie que busca seguir avanzando en su desempeño profesional, a pesar de la edad, quisiera regresar por el mismo camino, para dar marcha atrás en aquello que le ha dado sustento a su cimiento vocacional, ésto, ante el temor de encontrarse más adelante, con el hecho de que la dedicación bien intencionada y el uso del método científico, en su momento exitoso, para resolver situaciones, en la actualidad es obsoleto, porque ha sido desechado por la práctica superficial, carente de calidad y calidez.
Y si no fuera temor lo que detiene y desanima, porque han sido ya tantas las experiencias gratas o ingratas que ha enfrentado el profesional de comprobada vocación, en el mucho caminar; y si sólo fuera fatiga bien ganada, al cumplir a cabalidad, con lo que por su vasta experiencia, otros, los eminentes creadores de lo que ahora se ve como una verdad temporal, aunque exitosa en su momento, y que conocemos como leyes o como normas oficiales, son consideradas por muchos, indeseables, por la dificultad de su interpretación y más, por su precisa aplicación y la exagerada y simulada exigencia de una estricta supervisión, que igual, resulta ventajosa para el que ve la oportunidad de beneficiarse en lo particular.
Y si no fuera sólo fatiga, sino también desesperanza, ante la actitud de otros profesionistas no tan añosos, que apenas están desarrollando parte de su importante potencial, y que en ese arranque, forzado por las circunstancias que exhibe un entorno lleno de incertidumbre, que los incita a ser más prácticos que científicos, para poder avanzar a la velocidad que le exige una sociedad decadente, que más que buscar soluciones de fondo a sus problemas, busca ganar tiempo para poder respirar, dejándose engañar y convenciéndose de que, en ocasiones, es mejor aceptar una mentira a medias, que una media verdad.
Es humano entrar en reflexión, cuando es difícil considerar a quién le asiste la razón.
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