El verdadero amor no se trata de sentir celos por las cosas buenas que se generan en las personas y su entorno, es darse sin esperar nada, pero amar en ocasiones duele, porque si se es bien amado y por ello bendecido, sin desearlo se pueden despertar sentimientos opuestos en aquellos que llevan consigo un vacío en el alma.
El único camino para llegar a comprender lo que es el amor, lo encontré siguiendo las benditas huellas de quien vino al mundo para salvarnos y nos dejó como legado el amar al prójimo como Él nos ama; sin duda que el amar al prójimo se ha convertido en una difícil tarea para muchos, incluso para los que nos decimos seguidores de Jesucristo, no hemos alcanzado a comprender que el renunciar a sí mismos no significa dejar de ser nosotros mismos, es arrancar de raíz todo sentimiento que envenena nuestro espíritu y envilece nuestro cuerpo.
Yo no sé si soy bueno o soy una mala persona, porque bueno es sólo Dios, pero cuando enfrento situaciones que ponen en duda mi capacidad de amar, me detengo y me pregunto si es bueno o malo lo que estoy haciendo, si mi forma de ser o de actuar le causa malestar a alguien, suelo preguntárselo, si es así le pido una disculpa, porque hay cosas de mí que no pudiera percibir como las perciben las demás personas, no me pongo a discutir si me asiste la razón o le asiste a la persona que se siente ofendida. En una ocasión, siendo estudiante de secundaria, me encontraba con otros dos amigos en la refresquería, uno de mis compañeros contaba chistes, de los cuales reíamos los demás, en una mesa cercana se encontraban dos jóvenes de preparatoria, yo estaba de espalda a su persona, de pronto uno de ellos se paró de su silla llegó hasta mí y me empezó a golpear, diciendo: de mí no se ríe nadie, yo trataba de explicarle que sólo estaba festejando el chiste de nuestro compañero y en nada involucraba a su persona, cuando terminó de liberar su coraje, por fin me pude poner de pie, lo miré directamente a los ojos y le dije: te has equivocado conmigo, no es a mí a quien querías golpear, sin decir más se retiró del lugar, un mes después me buscó y me pidió disculpas y me dijo estar arrepentido por su acción; paradójicamente antes de sentir odio contra él, sentí alegría , porque me preocupaba el hecho de pensar que yo lo había ofendido si desearlo.
Yo amo a todos aquellos que se acercan a mí, lo hago porque siento que el amor es desearme el bien a mí mismo, con ello he hecho buenos amigos, estupendos compañeros de trabajo. Yo amo a mis pacientes y hago mío su dolor, porque solo así puedo comprenderlos y atenderlos como se merecen. Tal vez este mal en mis apreciaciones, pero amar hasta ahora es lo que me hace feliz.
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