Entonces dijo: Quiero amanecer con gratitud, mostrándole a la vida mi mejor sonrisa, quiero amanecer sin prisa, para que mis ojos contemplen las maravillas del nuevo día.

Quiero amanecer escuchando el armonioso trino de las aves, el de las que parecieran formar el coro celestial, incluso, el de las que parecen gritar que están aquí, listas para adornar el paisaje terrenal.

Quiero dejar de quejarme cuando el cuerpo me recuerda que debo ir despacio, y que, por ello, debo disfrutar cada momento existencial, porque la jovialidad no sólo es una apariencia temporal que adorna la figura, es la energía vital que nutre al ser y también se percibe en el alma que, con calma, quiere saborear la vida.

Y la vida contestó: bienvenido seas, doy gracias al Creador que por fin hayas abierto los ojos y ahora más que ver, puedas observar los maravillosos colores que con la luz divina bajan del cielo para mostrarte la realidad, muy alejada, por cierto, del falso escenario que construye el hombre mezquino, que sin rumbo y destino insiste en mantener con ilusiones y mentiras para darle lugar a la entrada del mal.

Quiero cumplir mis deseos en realidad, y darme por convencido de que si quiero puedo y con ello por voluntad, alejarme de tanto ruido, confiando en que Dios podrá resolver tanto lío que aqueja a la humanidad.

Quiero que mis palabras lleguen, más que al oído, al corazón de las personas que por ideología y razón tienen a mi pueblo muy confundido, generando animadversión entre justos y pecadores, causando odio y división para que reine la inconformidad y el hastío.

Quiero una patria donde se pueda respirar, sin tener miedo a ser confundido con un ser sin identidad, por perder la libertad de expresar lo que considero es dañino para mi familia y comunidad.

Quiero un México lindo y querido, vivir sus tradiciones, quiero un Mexico justo, donde reine la paz.

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