Recordar proviene del latín recordari (re-, de nuevo y cordis, corazón) dicho de otra manera significaría “volver a pasar por el corazón”; los seres humanos somos muy proclives a olvidar eventos importantes de nuestra vida como el haber tenido la dicha de nacer y contar con progenitores, con las personas que han sido ejemplo y guía durante nuestro desarrollo familiar mismo que sustentará las bases para ser un buen ciudadano.

Cuando adolescente, escuchaba decir que los empresarios y las autoridades de gobierno habían pactado acuerdos para poner en práctica estrategias para reactivar la economía del país, de ahí que empezaban a citar fechas específicas para conmemorar el día de la madre, del padre, del niño, del abuelo, etc.; pero existe un significado de mayor peso que tiene qué ver con el fin de reconocer y valorar el amor de las personas que han compartido y nos entregado a través de su ejemplo los valores, principios fundamentales que sustentan nuestra existencia, y que procuran con su esfuerzo y trabajo, proporcionarnos lo necesario para allanar nuestro camino  en la vida.

Nuestros padres y abuelos se esfuerzan en fomentar la unión familiar, la sana convivencia, consolidando con ello las buenas relaciones; son sus enseñanzas un valioso tesoro, fortalecen los valores esenciales para tener una vida digna, a través del respeto, la gratitud, y que lo mismo fortalecen nuestra conciencia social, así como nuestra identidad y tradiciones.

El hecho de “volver a pasar por el corazón” los gratos recuerdos que han fortalecido en forma integral nuestra conducta, para hacer de nuestros actos parte del engranaje de la maquinaria que busca consolidar sistemas para asegurar una vida justa, segura y equitativa para todos, y que impacta positivamente no sólo a nuestro núcleo familiar, sino a nuestra gran familia que es México.

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