Entonces el Maestro preguntó: ¿Y tú que has aprendido en la vida? Y el alumno contesto: ¿No le diré que he aprendido todo lo que se me ha enseñado, pero repito muy bien todo lo que me acuerdo? El Maestro continúo preguntando: ¿Y cuándo vas a poner en práctica aquello que no se te ha enseñado? El alumno guardo silencio por unos instantes y luego respondió: ¿Entonces hay algo más que se pueda hacer o decir, que no haya sido transmitido a través de los padres y maestros?

Todo inició al pensar qué es lo que está bien o está mal de todo aquello que se nos enseña o se nos dice por las personas que consideramos que son una autoridad en las materias que construyen nuestra forma de ser y de pensar en la vida.

¿Qué pasa cuando el hombre o la mujer piensan por sí mismos y cuestionan un concepto, un hecho, un principio, una regla o una ley que emana de una autoridad y por eso son considerados verdades absolutas? Sin duda toda exigencia para aclarar las dudas, resulta muchas veces ser interpretadas como una ofensa para la autoridad y genera consecuencias para toda aquella persona que se atreve a disentir y a ejercer su derecho a expresarse con libertad dentro de los causes legalmente establecidos.

Entonces, dijo el alumno: El temor a las represalias tal vez sea la causa de que muchos prefieran callar antes de defender su derecho a expresarse. El Maestro contestó: ¿Y quien te ha intimidado para que no puedas manifestar tu desacuerdo? Será que el miedo ha sido una semilla que se sembró en el ser humano a temprana edad, y en cada una de sus etapas del desarrollo personal se le van dosificando los temores, hasta llegar a temerle al hecho de pensar. Recordemos que el acto de pensar es una función mental fundamental que nos permite formar ideas, reflexionar, tomar decisiones y procesar información.

En psicología, el pensamiento es objeto de estudio y análisis, ya que influye en nuestra percepción del entorno, nuestra toma de decisiones y nuestro comportamiento en general.

“Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace.” (Santiago 1:25)

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