Lo ocurrido este fin de semana en Sinaloa dejó claro que Rubén Rocha Moya no solamente fue rechazado por la oposición, sino ahora también por su propio partido y por los gobernadores de Morena.
La presidenta Claudia Sheinbaum dejó claro que no consideraba prudente su reincorporación al gobierno y prácticamente todo el bloque de gobernadores de Morena cerró filas con ella, incluido el gobernador de Tamaulipas.
Lo ocurrido este fin de semana, más allá de la situación jurídica del gobernador y de las acusaciones que él mismo ha rechazado, representa una demostración de la fuerza política de Claudia Sheinbaum frente a otras fuerzas internas de Morena, incluido el ex Presidente Andrés Manuel López Obrador, quien se sabe, palomeó a Rocha en Sinaloa.
Morena tiene que cuidar muchísimo su imagen de cara al proceso electoral que está a la vuelta de la esquina, sobre todo frente a uno de los temas que más le están pegando políticamente, que es la relación entre política y el crimen organizado; y en Sinaloa el asunto es todavía más delicado porque el estado atraviesa una crisis de violencia tremenda.
Permitir que Rocha regresara y permaneciera al frente del estado mientras continúan las investigaciones habría representado un costo político enorme para la presidenta, sobre todo en un momento en el que la relación con Estados Unidos también es delicada.
Así que el hecho de que Rocha haya querido regresar al poder para defender su inocencia, fue interpretado por Morena como un problema para todo el movimiento.
Morena no está dispuesto a cargar con el costo político de su permanencia y ahora el partido tendrá que decidir cómo evitar que el caso Rocha se convierta en una mancha para su movimiento rumbo a 2027.
Por lo pronto, quienes sacaron ventaja de esta situación fueron los partidos de oposición; legisladores calificaron su reincorporación como una muestra de impunidad y utilizaron los señalamientos de presuntos vínculos con el crimen organizado para atacar directamente al gobierno de Morena.
Morena, por su parte, ha recurrido al argumento de que nadie está por encima de la ley, aún y cuando se trate de uno de los suyos, y que, cuando existen señalamientos, las autoridades deben investigar.
Por lo pronto, Rocha ya no solamente tiene un problema con la justicia y con la oposición sino que ahora también tiene un problema político con su propio partido, que lo ha dejado solo.
El gobernador Américo Villarreal, por su parte, quien también firmó el pronunciamiento de respaldo a la presidenta, evitó entrar en polémica, al ser entrevistado este lunes durante la ceremonia de honores y aseguró que su postura ya había quedado expresada en el comunicado.
Así que ha quedado claro que en Morena la prioridad es cuidar el proyecto nacional antes, incluso, que a cualquiera de sus gobernadores.
Que Dios los bendiga, gracias. Leo sus comentarios en mis redes sociales…