La limosna se cita en la Biblia: a los judíos se les previno que asistiesen a pobres,  viudas, huérfanos y a los extranjeros. El fervor de la Iglesia primitiva llegaba en los fieles a deshacerse de sus bienes y depositar el precio en manos de los apóstoles para socorrer a los necesitados. La caridad con los infelices fue el carácter distintivo de los primeros cristianos. Llegaron muchos al extremo de venderse por esclavos y alimentar a los pobres con el precio de su libertad.

San Agustín: Dar de comer, al que tiene hambre, de beber al que tiene sed, vestir al desnudo, dar posada al pasajero, refugiar a un fugitivo, visitar a un enfermo o un preso, rescatar un esclavo, sostener a un débil, guiar a un ciego, consolar a un afligido, curar a un herido, enseñar el camino al que se pierde, dar un consejo al que lo necesita y el alimento a un pobre no son las únicas especies de limosna, sino perdonar al que peca o corregir cuando hay autoridad para ello, olvidar la injuria que se recibió pidiendo a Dios que le dispense favores al que se la hizo; éstas son obras de misericordia que se pueden mirar como limosnas.

México es uno de los 10 países del mundo católico que más dinero aporta al Vaticano. Ocupa el noveno lugar antecedido por Estados Unidos, Italia, Alemania, Francia, España, Irlanda, Canadá y Corea. La décima es Austria. México es de gran importancia de México para la Iglesia ya que es uno de los países con mayor cantidad de católicos en el mundo y primer lugar en América Latina.

En 2011, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) estimó que 150 millones de niños entre 5 y 14 años hacen trabajos forzados. Uno de esos es la mendicidad forzada; todas las actividades en las que una persona pide dinero a extraños argumentando pobreza, adicciones, donativos para causas ficticias, vende objetos por debajo del costo real, como dulces, flores o dinero a cambio de una cooperación voluntaria, y cuyas ganancias son entregadas a un tercero.

En la Organización de las Naciones Unidas y la Comisión Europea se conoce este fenómeno como child beggars (niños suplicantes), delito del cual el crimen organizado obtiene parte de los 32 mil millones de dólares anuales en el negocio de tráfico de personas en cualquier territorio del mundo.

Sudáfrica, con la economía más pujante del continente africano, sufre grupos que extorsionan a dueños de guarderías en barrios pobres. Las mafias sacan bebés de sus centros de cuidado y los rentan a hombres y mujeres que piden dinero en las calles. En Afganistán, la Cruz Roja señala que la mafia hace a los niños  adictos al opio para dominarlos, y estima 60 mil niños adictos por la mendicidad forzada. En China, la ONG Antislavery (antiesclavitud), dice que la conversión de niño a mendigo requiere que los victimarios rompan las piernas de las víctimas para que luzcan más pequeños.

El Reporte de la mendicidad forzada en niños por la Comisión Europea, cuenta que esta problemática tiene presencia en Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España, donde un niño entrega a diario a su captor 500 pesos mexicanos. En México, Pozo de Vida, A.C., sigue el tema de mendicidad forzada infantil. Conoce la renta de bebés para las mafias de trata de personas. La mujer renta unas horas un bebé por 100 o 150 pesos, y para mantenerlo callado y dormido mientras pide dinero lo embriaga o le da solventes.

Restaurantes, zonas comerciales y lugares públicos se utilizan por vagabundos y limosneros. Algunos creen que los limosneros son personas que están por debajo de las líneas de pobreza. De entre quienes limosna, la mitad dice gustarle lo que hace y rechaza dinero a cambio de contestar unas preguntas, argumentando que ganan más en ese tiempo.

Si se desea obtener dinero sin nada a cambio es necesario estrategia. Elegir un lugar concurrido y popular; o de adinerados; en puntos estratégicos donde no sean evadidos; pasillos, entradas o salidas de supermercados o estaciones de metro. Estudiantes bien intencionados, turistas y las parejas son las mejores opciones. Del total de personas que dan limosnas (10 al 60%), los estudiantes están por encima de la media (50-60%) Las personas que piden limosnas tienen mayor riesgo de morir prematuramente. Se exponen al crimen, acoso sexual, hipotermia, y carecen de acceso a servicios básicos de salud y financieros. Para los discapacitados, alcohólicos/drogadictos o con una enfermedad mental incluso desde antes de volverse limosneros, el panorama es poco alentador.