En política hay movimientos que se explican con un oficio, una sesión de Cabildo y hasta con una buena dosis de formalidad institucional.
Pero también hay movimientos que se leen entre líneas.

Y en Tamaulipas ya empezaron.
La Legislatura 66 acaba de entrar a su tercer año de ejercicio constitucional y, casi al mismo tiempo, comenzaron a aparecer solicitudes de licencia, separaciones y anuncios que, oficialmente, pueden tener una explicación administrativa, pero políticamente despiertan muchas preguntas.

Eduardo Gattás pidió licencia por 89 días en Ciudad Victoria. En Matamoros, el regidor Jorge Rentería Campos obtuvo licencia indefinida. En Tampico, Mónica Villarreal puso sobre la mesa su separación temporal a partir del 7 de octubre, todavía sujeta a la decisión correspondiente del Cabildo.

Y en Altamira, Armando Martínez ya había anunciado su intención de solicitar licencia para participar en el proceso interno de Morena.
¿Casualidades?
Puede ser.
¿Coincidencias de calendario?
También.

Pero quienes llevan años en política saben que los tiempos rara vez son inocentes.
Y mientras algunos comienzan a moverse desde los cargos públicos, los partidos tampoco están precisamente tomando café.

El PAN ya dio su banderazo de organización el pasado fin de semana, con nuevos nombramientos y áreas de trabajo para fortalecer su estructura rumbo al proceso electoral de 2027.

El Verde y el PT, por su parte, comienzan a dejar ver que podrían buscar caminos propios y no necesariamente repetir las fórmulas electorales de otros procesos. Falta que esas decisiones se formalicen, pero políticamente la señal ya está ahí.

Y Movimiento Ciudadano tampoco quiere quedarse mirando desde la banqueta.
Gustavo Cárdenas salió a decirlo sin rodeos: MC pretende ir solo en Tamaulipas, con perfiles propios para competir por ayuntamientos y diputaciones, y sin convertirse en “comparsa” de otra fuerza política.

Eso, traducido al lenguaje de la calle, significa que cada partido está empezando a revisar cuánto trae, con quién cuenta y hasta dónde le alcanza.
Y luego está el PRI.
Bruno Díaz Lara aparece tratando de fijar postura y mantener al tricolor en la conversación, pero el problema de fondo para el partido no parece ser solamente lo que diga su dirigente, sino cuánto eco están teniendo sus mensajes en una entidad donde el PRI lleva tiempo buscando recuperar presencia territorial y política.

Porque una cosa es hablar.
Y otra muy distinta es que alguien esté escuchando.

Eso también forma parte de la política.
Y aquí está el punto: no estoy diciendo que una licencia sea una candidatura. No lo es. Tampoco que quien se separa de un cargo ya tenga destino político definido.

Lo que sí digo es que, cuando comienza un proceso electoral, las decisiones personales adquieren otra lectura.

Porque mientras unos se separan, otros deciden quedarse.
Carmen Lilia Canturosas, por ejemplo, descartó participar en la convocatoria federal de Morena que está sobre la mesa y mantiene su responsabilidad al frente de Nuevo Laredo.
Y eso también manda un mensaje.
Aquí no se trata solamente de contar cuántos pidieron licencia.

Se trata de observar quién se mueve, quién se queda, quién acelera, quién espera y quién empieza a construir estructura mientras públicamente dice que todavía falta mucho para hablar de candidaturas.
Porque sí, todavía falta.

Pero tampoco nos chupamos el dedo.
Tamaulipas ya está dentro del proceso electoral 2026-2027. Se renovarán los 43 ayuntamientos y las diputaciones locales correspondientes. Los partidos tendrán que definir alianzas, estructuras, perfiles y estrategias.

Y mientras ellos dicen que todavía no es tiempo, la política ya está haciendo lo que siempre hace:
medir, acomodar, tantear y tomar nota.
Las licencias no son candidaturas.

Los nombramientos partidistas tampoco.
Una declaración no convierte a nadie en candidato.

Pero todo junto empieza a dibujar el ambiente que viene.

Porque en política nadie se mueve únicamente porque sí.
Y si alguien todavía cree que el 2027 comienza el día que arranquen las campañas, que se siente con calma.

Las campañas empiezan mucho antes de que aparezcan los espectaculares.
Y algunos ya llevan rato caminando.
El que entendió, entendió.
Se los dejo de tarea.

Cuando la salud de las mujeres también entra a la agenda política

La salud femenina no debería aparecer en la agenda pública solamente durante octubre. Hablar de perimenopausia y menopausia es hablar de prevención, atención médica, información y calidad de vida para miles de mujeres que atraviesan una etapa que durante mucho tiempo se vivió en silencio.
Que el Congreso abra estos espacios puede parecer un detalle, pero en política los temas que se ponen sobre la mesa también dicen mucho de las prioridades. Y la salud de las mujeres merece algo más que discursos de temporada: necesita información, prevención y políticas públicas que acompañen cada etapa de la vida.

 

La UAT también entiende que cuidar es formar
Primeros auxilios para una realidad que también duele

La salud mental dejó de ser un tema que pudiera esconderse debajo de la alfombra. Y una universidad que pretende estar cerca de su comunidad tampoco puede mirar hacia otro lado cuando estudiantes, docentes o trabajadores enfrentan ansiedad, crisis emocionales o situaciones que requieren contención inmediata.

Por eso resulta significativo que la Universidad Autónoma de Tamaulipas ponga en marcha la cuarta generación de la Brigada Universitaria de Primeros Auxilios Psicológicos, desde la Unidad Académica de Trabajo Social y Ciencias para el Desarrollo Humano.

Aquí hay algo más que un curso de 30 horas.
Hay una decisión institucional de formar personas capaces de escuchar, contener y orientar antes de que una crisis se convierta en un problema mayor.
Contener, acompañar y orientar

La fórmula parece sencilla, pero en la práctica exige preparación: contener para generar un espacio seguro, acompañar desde la escucha activa y orientar hacia la atención especializada.
Y ese detalle es importante.

Un brigadista no sustituye a un profesional de la salud mental. Su función es actuar en ese primer momento en el que una persona puede sentirse desbordada y necesita que alguien le ayude a recuperar estabilidad y encontrar el camino adecuado para recibir atención.
Eso también es prevención.
La universidad que sale del aula

La UAT está mostrando una faceta que va más allá de las aulas, los laboratorios y los programas académicos.

Una universidad también se mide por la manera en que responde cuando uno de los suyos necesita ayuda.

La participación de estudiantes, docentes, administrativos y colaboradores de distintas áreas permite además construir una red multidisciplinaria. Y cuando una institución consigue que esa red funcione, la atención deja de depender exclusivamente de una oficina o de una persona.

Se convierte en cultura universitaria.
Dámaso Anaya y una visión de comunidad

En esta estrategia también hay una lectura institucional que vale la pena observar.
Durante la gestión del rector Dámaso Anaya Alvarado, la UAT ha colocado el bienestar de su comunidad dentro de una agenda que no puede reducirse al rendimiento académico.
La formación de brigadistas en primeros auxilios psicológicos entra precisamente en esa lógica: preparar a la propia comunidad universitaria para responder ante situaciones que ocurren en la vida real.
Y eso tiene una consecuencia política —en el sentido más amplio de la palabra—: una institución pública que atiende a su comunidad fortalece también su vínculo con ella.
Porque escuchar también es una forma de cuidar

El trabajo impulsado desde la Unidad Académica de Trabajo Social y Ciencias para el Desarrollo Humano, bajo la dirección de Blanca Guadalupe Cid de León Bujanos, pone sobre la mesa un asunto que durante mucho tiempo se trató como secundario.

No todo problema se ve.
Hay crisis que no dejan una herida física, pero sí requieren atención inmediata.

De ahí la importancia de que quienes integran esta cuarta generación aprendan también sobre psicología de la emergencia, simulacros de intervención y autocuidado. Porque quien ayuda también necesita saber cómo protegerse emocionalmente.

La UAT está entendiendo algo elemental: formar profesionistas es importante, pero formar comunidades capaces de cuidarse entre sí también lo es.

Y en tiempos donde la salud mental exige menos discursos y más herramientas, una brigada que sabe escuchar puede terminar haciendo mucho más de lo que aparenta.