Mucho se ha hablado ya de las adicciones a sustancias como el alcohol, psicofármacos, nicotina, cafeína, cannabis, opiáceos, esteroides; pero se habla con menor frecuencia sobre las adicciones comportamentales donde se realizan conductas de forma constante que causan repercusiones negativas, ejemplo de ellas, la comida, el juego, las compras, el trabajo y la nueva tecnología usada en los dispositivos electrónicos.

Recordaba ésto después de asistir recientemente a una reunión, que, aunque no tenía específicamente tintes políticos, como siempre, terminó en ello. Las personas que fuimos convocadas, si no todas, la mayoría, conocíamos el presunto motivo, por lo que en lo particular, si no me sorprendió la conversión que de origen era cumplir con un protocolo cívico y un reconocimiento laboral, pasó a la exaltación de la justificación del cumplimiento de las acciones, que por obligación legal se tienen que ejercer; el caso es que en la citada reunión, además de encontrarme con viejos compañeros de común ejercicio profesional, algunos amigos y muchos conocidos, el entorno parecía estar saturado de un interés alterno, evidenciando, en casos específicos, la presencia de personas que otrora, emanaban una indiscutible personalidad de fiel entrega como servidores públicos, y que al paso de los años, se fueron transformando en operadores políticos, no de causas comunes, aunque parezca ser esa la pantalla de forma y no de fondo, pues privilegian intereses de grupo y priorizan, por lo tanto, el beneficio a los integrantes del mismo o a recomendaciones emanadas de la supremacía política.

La apreciación personal de aquel ambiente, me hizo pensar en el hecho de que la práctica constante y descontrolada de la política, también genera una adicción relacionada con aspectos inherentes a la necesidad de validación, para sentir que se tiene poder, ya que el perderlo se convertiría en una amenaza a la autoimagen; la necesidad psicológica intensa de controlar el entorno, las circunstancias y a las personas a su alrededor.

Las actividades asociadas al poder, pueden liberar dopamina, neurotransmisor relacionado con el placer y la recompensa; el perder el poder, significa volver a ser irrelevante o invisible en la sociedad, lo que puede condicionar a tener conductas extremas para mantener el poder. El entorno político puede amplificar la adicción al poder.

La clave para evitar la adicción al poder, en la política, podría tratarse con la promoción de líderes conscientes, que mantengan siempre como prioridad el bienestar de la comunidad antes que las necesidades personales.

 

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