Erase un día de verano de los años sesenta, acaso tenía 8 años y vivía apasionado el embeleso de la magia que emanaba de la dulce y aparente frágil figura de mi abuela materna de nombre Isabel, que una hora antes de la comida, se hallaba sentada sobre un viejo cojín que ella misma había elaborado con pequeños retazos de tela; se encontraba pues, en la comodidad del momento, en el primero de los dos escalones del portal de su casa, allá donde iniciaba el florido marco del jardín encantado; ella me había pedido que me sentara a su lado para contemplar el milagro del mediodía, cuando el cálido abrazo de los rayos del sol ejercía su efecto vitalizador sobre los diversos colores de las flores de sus amados geranios, cuyas macetas reposaban en estructuras metálicas, que invertidas parecían cabritos; yo sin parpadear no quería perder detalle, y cuando el rayo de luz se posó sobre las flores me pareció ver cómo éstas parecían inflamarse de gozo como queriendo lucir aún más su belleza.

Pasado unos minutos, mi abuela se puso de pie y dijo: sígueme, vayamos al frente de la casa, acerquémonos a la puerta para ver a la calle; obediente como era, le tomé su delicada mano hasta llegar al lugar destinado; ella veía de un lado a otro y curioso le pregunté: ¿a quién esperas? Ella me respondió: A Chonita, la comerciante de cosas americanas; y de pronto apareció un vehículo del que descendió una mujer de mediana estatura, de pelo entre cano y complexión robusta, portaba unos lentes que hacían ver sus ojos más grandes de lo esperado, y sonriendo dijo: No se me olvidó nada Chabelita:  hurgó entre unas cajas que se encontraban en el asiento trasero de su auto y sacó una pequeña red de plástico conteniendo un número determinado de nueces de castilla, se la dio a mi abuela, también le entregó  una pequeña caja de cartón duro, la abrió y ésta contenía 3 argollas de oro, intuí que se trataba de anillos; la abuela le pagó y después, nos dirigimos al comedor de la casa grande , abrió la red de las nueces, me obsequió dos, y en uno de mis dedos colocó uno de los anillos y dijo: sientes la dureza de la cáscara de la nuez, ésta sirve para mantener intacto el corazón de la misma, , tú eres fuerte como la cáscara, pero tienes un corazón noble, el anillo que te regalo significa el compromiso que tienes para cuidar de los demás, con el tiempo sabrás cuál será tu vocación.

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