¿Acaso son los ojos la llave del amor? Le pregunté a ella cuando nuestras miradas se cruzaron por primera vez aquella cálida tarde de verano, cuando ambos, sin pensarlo, habíamos sido atraídos por una fuerza invisible a un lugar neutral de nuestro espacio, a una hora, en la que las personas buscan refugio bajo una sombra de un frondoso árbol o en un techo del hogar donde se puede estar seguro y descansar en familia; recuerdo que al decir aquella frase memorable, ella fingió no haber escuchado nada, pero yo pude observar discretamente, cómo se ruborizaba la tersa y fina piel de sus joviales mejillas; lo que siguió después, fue un rápido giro de su armónico cuerpo celestial, sacudiendo por la fuerza de su retirada su larga y sedosa cabellera castaño obscura. La asusté, me dije a mi mismo, y a decir verdad, también yo me asusté, por no medir el impacto de mi atrevimiento, pues siempre me he considerado tímido y suelo evitar conversaciones emotivas; me retiré, pues, de aquel lugar, sintiéndome avergonzado, y por qué no decirlo, hasta triste, pues en mi mente me repetía: esto fue debut y despedida. Pasó una semana, y yo me encontraba como siempre recostado en aquella cama de mi habitación que era testigo fiel de mis desvelos, ¿dormir? no, que va, me encontraba más despierto que nunca mirando al techo, como esperando descorrer una cortina imaginaria y surgiera de pronto la claridad de un pensamiento contrario al que iba creciendo dentro de mí, al sentirme rechazado, aunque intuía, que tal vez mi apreciación sólo era una especulación, pues nunca escuché palabra alguna que saliera de aquellos virginales labios.

Al paso de los días, caminaba sin rumbo fijo, al menos eso pensaba, pero la verdad deseaba enconarme con aquellos hermosos ojos de color café, que no podía apartar de mi pensamiento, y al dar vuelta en una esquina me topé de nuevo con aquella dulce mirada, pero en esta ocasión, ya no hubo sorpresas, por eso ya no se percibió la sensación de temor infundado, más bien, en el aire fluía una energía tan positiva, que aumentaba esa extraña sensación de la atracción inexplicable, pues ambos sentimos cómo la llave del amor abría todas las posibilidades para establecer una extraordinaria relación que duraría para siempre.

¿Acaso son los ojos la llave que abre nuestro corazón, para conocer el amor verdadero? Sin duda existen muchos tipos de miradas, pero solamente en una de ellas podrás ver el alma de quienes están destinados a amarte como amas, y con ello, podrás percatarte de que el amor de Dios está en ti, tanto como lo está en tu prójimo.

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