La frontera de Tamaulipas vuelve a encender las alarmas de seguridad, ahora por un nuevo operativo de la SEDENA. El despliegue aéreo y terrestre en el ejido Sandoval, en Matamoros, prendió los focos rojos apenas cuatro días después de los disturbios que se generaron tras la detención de otro capo en Jalisco.

Se sabe que el implicado es requerido por la administración Trump. La presión del gobierno estadounidense ha sido fuerte y todo apunta a que Washington presentará una solicitud formal de extradición. No es un asunto menor. Cuando los operativos federales en México coinciden con exigencias directas de Estados Unidos, el tema deja de ser local y se vuelve geopolítico.

Al tratarse de un operativo federal, el Gobierno del Estado se mantuvo al margen en redes sociales durante el desarrollo del despliegue. Fue hasta el final del día cuando emitió un mensaje para descartar bloqueos carreteros y recomendar precaución a la población, por instrucciones del gobernador y en acuerdo con la Mesa de Paz.

Tamaulipas ha tenido que colaborar de manera constante con las autoridades federales en las últimas semanas. Su condición de estado fronterizo lo coloca en una posición estratégica y también vulnerable. La cercanía con Estados Unidos lo convierte en punto de referencia obligado cuando se trata de seguridad, narcotráfico y cooperación binacional.

Todo esto ocurre en medio de un discurso cada vez más duro del líder del país más poderoso del mundo, quien ha insistido en medidas más agresivas contra lo que llama narco terroristas. 

Y ahí es donde muchos cuestionan ¿hasta dónde llega la cooperación y dónde empieza la presión?

Porque en ese equilibrio delicado, Tamaulipas vuelve a estar en el centro del tablero.

Leo sus comentarios en mis redes sociales.

Que Dios los bendiga, gracias.