¿En dónde estuve todo el tiempo, ayer, cuando recorrías sola las veredas encantadas, cuando te alcanzó el tiempo de pasar de niña a mujer, ayer, cuando tu sedosa y larga cabellera ondeaba al ritmo que le marcaba el viento de la tarde de todas tus hermosas primaveras?

¿En dónde estuve cuando, en tus sueños, besabas la consentida almohada por ti, ayer, cuando ensayabas tus primeros besos para el día en el que habrías de conocer el amor verdadero?

¿En dónde estuve cuando tu tierna mirada se maravillaba al ver el milagro de todos tus días de sol, cuyos primeros rayos iluminaban tu hermosa cara que reflejaba la satisfacción de sentirte tan viva?

¿En dónde estuve cuando las primeras palabras que cada amanecer salían de tu boca, como manantial de dulzura, agradecían a Dios el haberte bendecido con un alma tan noble y virtuosa, que en forma armoniosa se convertían en rosas por tu tierno consentir?

¿En dónde estuve cuando escuchabas la suave sintonía del entorno natural que te hacía reír y otras veces te hacia llorar, ambas cosas de dicha, por poder disfrutar de la vida?

¿En dónde estuve cuando tus níveas manos formaban figuras en el espacio cercano, demostrando con ello que tus ideas podrían, con el tiempo, tornarse una realidad objetiva para definir tus deseos más anhelados?

Yo no sé dónde estuve, pero te puedo asegurar que, desde el primer encuentro, mi cuerpo material, mi ser espiritual y mi pensamiento se integró al tuyo, dando así cumplimiento a la voluntad superior de quien nos creó exprofeso para hacer de los dos la amorosa unidad, de una historia de vida que, de ser un sueño, se convirtió en realidad.

¿Qué en dónde estoy? Estoy en tu universo, soy una parte del todo, de tu todo, y del mío.
¿Qué a dónde voy? A donde tú vayas, porque lo que Dios unió, no lo separará el hombre.

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