Que no me pierda en el camino, que mis pasos sean firmes, que se note la energía, que mis ojos no dejen de ver todo lo que les causa alegría, que mi corazón mantenga su ritmo acompasado y que con cada impulso vigoroso regrese a mí la fuerza del pasado, para mantener el calor de mi cuerpo con el que siempre te he abrazado, y que el esfuerzo sea suficiente y permanentemente cálido, para que no extrañes mi otrora jovial presencia, que me hacía sentir por siempre de ti enamorado.
Quiero seguir siendo lo que siempre fui, quiero que tus ojos se llenen de gozo cada vez que me veas venir y si al partir te traiciona aquel sentir dudoso de que algún día te mentí, piensa que el Todopoderoso se tardó un poco más en moldear lo más hermoso para asegurarse de que el amor sea del existir lo más esplendoroso.
Que no me pierda en el camino del tanto insistir, porque nuestro amor es y será siempre maravilloso, aunque te parezca ahora que mis pasos son lentos y pesados, yo te aseguro que como quiera, llegaré hasta donde estés, porque no es la edad la que me hace ver cansado, es la cruz que llevo a cuestas para redimir todos mis pecados.
Que la tristeza eterna se convierta en sombra y que sople en viento fuerte para que sacuda del árbol de mi vida lo gris de mi pasado, que la luz divina ilumine nuestros días hasta saciar la sed de amor que me mantiene encadenado a la soledad que me impone una condena por pensar que te he fallado.
Clava madre este último clavo, no en las muñecas ni en mis pies, clávalo en el corazón de este hijo condenado, por no entender y ser oportuno, para sanar las heridas de ese divino corazón tuyo que me dio el ser, y recibió el primer arrullo aquel incierto amanecer en el que fui el primero en conocer a Dios, al verlo reflejado en tus ojos tan amados.
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