Suave como el caminar descalzo sobre el viento,
como el viajar con el pensamiento,
que escapa de una ansiosa mirada,
que pareciendo perderse en la nada,
abre paso a la palabra de vida.
Suave como el mar en calma
que lleva la paz a las almas cansadas,
que desconsoladas lloran al dejar las sonrisas
que alegraban los corazones
que antes no tenían prisa.
Dulce armonía que acompaña a la ansiada caricia
sobre la piel sonrojada del niño
iluminado por la luz que nunca se apaga
y que al ser tocada por los dedos
de la mano divina
quedó para siempre bendita.
Suave como el lento correr del agua
del manantial que brota del corazón
donde nace el amor por la humanidad
titubeante por la luz brillante del día.
Suave como la oración que suplica
ante el temor de la oscuridad de la noche
que condena al alma a vagar perdida en la soledad
del vacío que provoca la falta de fe
ante la verdad infinita.
Suave como el amor entre el sentir y el ser
que en silencio soporta el desencanto
del ave, que queriendo volar muy alto,
cedió por el quebranto,
ante el deseo de trascender.
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