Un grupo de médicos de mediana edad, me platicaban con un dejo de desencanto, cómo, a una década y media de su egreso de la universidad, no se sentían plenamente satisfechos con los resultados obtenidos hasta hoy, en lo concerniente a sus logros profesionales, su calidad de vida y su bienestar físico; asegurando que habían puesto toda su capacidad y su mejor esfuerzo, en cumplir con calidad y calidez su desempeño.

De alguna manera velada, dejaban entrever que eso se debía, en gran parte, a la falta de cumplimiento por parte del Estado, de las Condiciones Generales de Trabajo, sobre todo, en los reglones relacionados con los salarios, recursos materiales y la seguridad en el mismo.

Éste no es un tema nuevo ni es privativo de nuestro Estado; esta insatisfacción de muchos prestadores de salud, que trabajan en las instituciones públicas, ha motivado ya movilizaciones para manifestar su inconformidad, logrando, en algunos casos, la atención del gobierno, para buscar la solución a sus demandas.

El escucharlos me hizo recordar que, incluso, en el tiempo en el que ingresé al servicio público, enfrentábamos una problemática similar, y a 46 años de seguir ejerciendo profesionalmente, puedo dar testimonio, de que en muchas ocasiones, a mi generación, nos asaltó el pesimismo y la frustración, debido a un verídico sentimiento de indefensión, pero, más que desalentarnos a bajar la guardia, procuramos buscar alternativas para solucionar nuestras necesidades, y ésto no se tradujo como un signo de claudicación en la defensa de nuestros derechos laborales, por el contrario, sintiendo vivamente que el trabajo es un derecho constitucional de todo ciudadano, reconocimos a la Institución donde prestamos nuestro servicio, como un patrimonio que deberíamos cuidar y proteger de cualquier situación que la pusiera en riesgo.

Seguramente hoy enfrentamos retos distintos a aquella época, pero, esos mismos retos, los ha tenido que enfrentar el gobierno, para satisfacer las demandas de los usuarios de los servicios de salud y mantenerse a la vanguardia para proteger a la comunidad.

No se trata sólo de palmear el hombro y consolar con palabras conciliadoras a los valiosos recursos humanos para la salud, que hoy como ayer, han sentido que, en esta lucha desigual, para alcanzar un desarrollo social sustentable, han estado solos, se trata más bien, de reconocer que lo que más falta nos ha hecho, es estar unidos y ser solidarios para lograr la equidad, la justicia y la armonía en el trabajo.

 

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