DOMINGO FAMILIAR

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15-16)

No me persigas tiempo, que no puedo llevar tu paso rápido, más bien voy despacio para pensar y actuar sobre el cómo he de gastarte, sobre el cómo he de vivir cada momento, así sea este sólo un instante, sin tener que preocuparme como para detenerme y darme por vencido; más he de querer que en este tramo me acompañe la risa y la alegría de aquellos que sin preocuparse por lo que verdaderamente es importante, asumen que la vida misma ha de regularse a su tiempo y entonces será como hoy, cuando esa regulación se instale en el cuerpo, cuando se detendrán a pensar como yo, en unas matemáticas que no pueden explicar por qué el espíritu no envejece lo mismo que el cuerpo.

Y tú, ¿acaso sólo ves la aridez del barro que resguarda a la esencia, y no las divinas manos del alfarero que te creó y es la luz del interior que eternamente resplandece e ilumina la verdad de tu naturaleza? Los ojos y el corazón que aman, son los que no titubean al ver lo que siempre han visto, son fieles al sentimiento que te hizo ver por primera vez lo que nadie ha querido ver, por temor a estar equivocado, porque el amar no es un pecado cuando el amor emana de Aquel que siempre nos ha amado.

Mantendré mi lámpara encendida para estar preparado para cuando llegue mi Señor, para darme cuenta de que siempre ha estado a mi lado en ocasiones como Padre, otras veces como hermano, siempre como Maestro, y yo escuchando su Palabra, recibiendo la sabiduría como el eterno aprendiz de discípulo que soy.

Dios ilumine nuestra vida y que su luz resplandezca en todas las familias para que los días por venir sean de gozo, y en las noches llegue la paz y el descanso para recuperar la energía que vamos perdiendo con el trascurrir del tiempo.

Dios bendiga a nuestras familias y bendiga todos nuestros Domingos Familiares.

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