“Toda amargura, ira y enojo, y gritería, y maledicencia, con todo género de malicia destiérrese de vosotros. Al contrario, sed mutuamente afables, compasivos, perdonándoos los unos a los otros, así como también Dios os a perdonado a vosotros por Jesu-Cristo.” (Efesios 4:31-32)

En el caso que nos ocupa, como seguramente sucederá en otros matrimonios largos, es menester tener en cuenta, que una vez unidos por gracia de Dios, es necesario consentir que el amor tiende a evolucionar con el tiempo, encontrando en el camino dificultades o desacuerdos por la diferente manera de ver o interpretar las cosas, de ahí que escapen de nuestro control las expresiones egoístas o inmaduras que exhiben más los defectos que las virtudes de nuestro cónyuge, recordándonos que somos dos seres diferentes en busca del amor maduro, mismo que encuentre semejanza al amor de Cristo.

Y siéndose mi corazón herido por la tristeza, al sentirse erróneamente poco amado, tocó a su puerta mi Señor para llevarme consuelo y me dijo: No dejes que el pensamiento del resentimiento se aloje en tu mente, recuerda que así como el ojo y el oído van perdiendo su agudeza con el tiempo, para no dejar ver al hombre o la mujer con claridad lo que los aqueja,  no culpes a tu cónyuge y lo maltrates con la indiferencia, más bien, deja a tu corazón ver, y escuchar, porque el corazón que ama nunca podrá padecer de ceguera o sordera, siempre verá y escuchará con claridad, para que regrese a la cordura para privilegiar un trato tierno y compasivo, ante una realidad de la cual muchos de vosotros se olvidan, y ésta es que la perfección que se debe de buscar en la vida matrimonial, es la que los conducirá a la madurez espiritual, misma que no envejece, porque es la llave que les abrirá el reino de los cielos rumbo a la eternidad que os he prometido.

Señor mío y Dios mío, tú eres mi fortaleza, habita en mí, hoy y siempre, y sea mi cuerpo convertido en el madero de la cruz que soporte a mi espíritu para alcanzar tu perdón y misericordia por las omisiones cometidas en la búsqueda del amor que a tus ojos sea perfecto.

Dios bendiga a nuestra familia, bendiga a todos los matrimonios y los acompañe en el largo camino de la madurez espiritual, reflejo del amor más puro y divino que existe y existirá por los siglos de los siglos. Dios bendiga todos nuestros Domingos familiares.

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