“Nada temáis a los que matan el cuerpo y no puede matar el alma: temed antes al que pueda arrojar alma y cuerpo en el infierno” (Mt 10:28).
Aleja la sombra gris que te acompaña en los momentos de tristeza, porque no hay carga más pesada que el abatimiento del ánimo y con ello el cuerpo se desiste de su empeño en seguir adelante; sonríe a la vida y busca el consuelo de la paz que te da el saber que como hijo de Dios él te tiene prometida la vida eterna.
Para aquellos que han estado viviendo con dolor y temor, por los quebrantos del cuerpo, a los que les asalta la duda y ven en su camino una encrucijada entre el seguir o el parar, yo le digo que permanezcan firmes a su fe en Cristo Jesús, el Señor le dice “No tengan miedo, soy yo” (Mt. 14:27) infundiendo paz ante situaciones difíciles.
Señor, el dolor nos hace olvidarte y el temor nos hace negarte, perdona nuestra fragilidad humana, nuestra ingratitud, quédate con nosotros e ilumina el camino que nos permite ver con claridad y despeja la bruma de nuestros ojos y permítenos reconocer las señales de consuelo que nos llegan a través de tu misericordia.
“Venid a mí todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas, que yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; hallareis el reposo para vuestras almas. Porque suave es mi yugo y ligero el peso mío.” (Mt 11:28-30).
Señor contigo todo, sin ti nada, no te alejes de mí, de mi familia, de mis amigos, no te alejes de mi patria y del mundo.
Padre bendice a toda nuestra familia y bendice todos nuestros Domingos Familiares.
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