Quienes hemos experimentado la pérdida parcial o total de alguno de los sentidos, sabemos a qué nos referimos: ver, oír, hablar, tocar o degustar son las sensaciones que nos permiten ver y aprovechar cada segundo de existencia.
Cuando perdemos, por ejemplo, el sentido del tacto en alguna parte del organismo, tenemos muchos problemas para poder trabajar adecuadamente, porque no sentimos las cosas que nos rodean y podemos inclusive tener accidentes de consecuencias fatales.
Un ejemplo lo vemos con personas con diabetes que pierden la sensibilidad de los nervios y su organismo no diferencia entre calor y frío; cuando invade las extremidades inferiores -pie diabético, le llaman algunos- surgen problemas porque podemos lesionarnos sin sentir, y como no se siente, no se atiende, y por consecuencia, puede infectarse y resultar un diagnóstico de tétanos o algo similar, y causar la muerte.
Los que perdemos el sentido del oído, no podemos mantener un equilibrio adecuado y no podemos escuchar lo que nos rodea. Dejamos de disfrutar muchas cosas de la vida, y se nos atrofia el habla porque no escuchamos lo que decimos.
Los que perdemos la vista, no se diga: es, desde un punto de vista muy personal, el sentido más importante, porque no alcanzamos a distinguir entre la realidad y la ficción, entre lo que está y no existe, entre la vida y la muerte, porque una falla en la vista puede ocasionar accidentes de una enorme magnitud.
Es por ello que nos parece que la actividad denominada “Para verte mejor, para oírte mejor”, emprendida por el gobierno estatal, coordinadamente con el Patrimonio de la Beneficencia Pública Nacional y la Secretaría de Salud, así como con el DIF estatal es una de esas grandes actividades de un prioritario impacto social, que tienen una respuesta inmediata en los beneficiarios, que muchas veces son persona que nunca habían visto o escuchado bien.
Cambia su perspectiva de la vida y comienzan a ver o escuchar: 160 aparatos auditivos y 200 pares de lentes graduados hicieron que 360 tamaulipecos pudieran recobrar con prótesis ese sentido perdido. Créame, no tiene precio la sensación de ver borroso, de no distinguir a los seres queridos, y de repente, todo claro, todo nítido, o de escuchar canto de los pájaros o la voz de los hijos o nietos.
Son cosas que, definitivamente, son inapreciables, y solo las valora en toda su magnitud quien ha -hemos- tenido problema con alguno de estos cinco sentidos, cualquiera de ellos, aunque, insistimos, más el de la vista.
Hay muchas acciones del gobierno que son automáticas y se deben hacer porque as´si marcan las costumbres o los usos de la sociedad, pero ver la expresión de estas personas, suponemos que no tiene precio.
Quienes han tenido la oportunidad de lograr plasmar en una imagen la expresión de asombro y/o alegría de cada uno de nuestros paisanos cuando ven o escuchan bien, es indescriptible.
Gente de 22 municipios fue beneficiada, y se gestionan más apoyos en el mismo sentido, porque la idea es que haya más beneficiados para que muchos más podamos leer o escuchar, podamos ver a nuestros familiares y lo que hacemos, o encontrar la diferencia entre un sonido de pájaros y una sonata, por mencionar algo.
Sinceramente, quienes gestionan este tipo de apoyos merecen un reconocimiento, aunque entendemos que mucho es parte de su labor por la que cobran, pero contribuir a la felicidad, en este caso, de 360 personas e igual número de familias es algo que sinceramente, y como dijimos antes: no tiene precio.
Vaya el reconocimiento, y ojalá se pueda prestar a más apoyos: que la gente que puede gestione éstos en las instancias correspondientes, y podamos ver más sonrisas de más paisanos, de esos que nunca soñaron con poder pagar un aparato auditivo o unos lentes graduados por su pobreza, pero que hoy en día, gracias a estas acciones, son gente que ve y escucha.
Por ellos, muchas gracias a quien ha hecho posible este sueño de la realidad misma. Los que hemos perdido la visión lo valoramos, entendemos y reconocemos.
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