Es cíclico en el país, en los estados y en los municipios.

Cada tres o seis años, de manera milagrosa surge una cauda de hombres y mujeres supuestamente ejemplares, dedicados en apariencia a hacer el bien general, modelos de generosidad sin límites y un acendrado espíritu de sacrificio por el bienestar común.

Son los mismos que usted ha visto a diario. Son sus vecinos, compañeros de trabajo, profesores, empresarios, diputados, funcionarios, comerciantes o los clásicos Perico de los Palotes, oportunistas con una careta de salvadores que se encasquetan para buscar la simpatía de sus conciudadanos y conquistar un puesto electoral.

Hoy vivimos en Tamaulipas una experiencia más de ese tipo y para ser más preciso, en el caso de la alcaldía de Ciudad Victoria.

De buenas a primeras descubrimos como por arte de magia, que vivimos rodeados de inesperados bienhechores sociales, a los cuales pareciera que prácticamente sólo les falta el halo alrededor de sus respectivas cabezas para ser colocados en un altar.

Por eso, en mi modesta calidad de un ciudadano más corriente que común, me atrevo a encender las luces de alerta para que tratemos de impedir que nos enbauquen con promesas dignas de redentores o proyectos que no podrían cumplir ni en tres o cuatro adfministraciones sucesivas.

Los hechos, asienta una frase popular y sabia a la vez, cuentan más que mil palabras.

Con esa certeza, le invito a practicar un pequeño ejercicio de observación.

Recorra mentalmente a los aspirantes a la presidencia municipal. De esa corte de gambusinos, dos figuras si acaso podrían ser rescatables en cuanto a sus atributos, pero cuando se les pasa por el tamiz de los logros aportados, esos que se pueden tocar y valorar en nuestra vida diaria, las cosas cambian.

¿Quién o quiénes de esos suspirantes por el poder han dado pruebas de esas aptitudes, de su trabajo o por lo menos de sus esfuerzos?

La lista, ya de por sí corta, se empequeñece aún más y me atrevo a afirmar que en esa carrera aventaja el alcalde Eduardo Gattás, porque es quien hasta ahora puede ser valorado con base en sus acciones.

Lalo, como lo conocen sus cercanos, es referente de cómo se obtienen resultados positivos en medio de una austeridad  presupuestal que raya en la pobreza. Pocas veces se han dado circunstancias tan complicadas para llevar las riendas de este municipio y pocas veces hemos visto pruebas de que se pueden lograr beneficios con mínimos recursos.

Gattás busca renovar su mandato original y ampliarlo un trienio, lo cual debe ser medido con la vara de la objetividad. Ha probado Lalo que en la adversidad económica, si se trabaja en equipo y para la gente, una ciudad como Victoria se puede conservar funcional, limpia, ordenada y hasta con amplias posibilidades de desarrollo económico. Es evidente que tiene los merecimientos para aspirar a la reelección.

¿Tienen también los aspirantes que hasta ahora han hecho público ese objetivo, algo que ofrecer como prueba de su capacidad, más allá de promesas y hasta sueños guajiros?

Por lo menos en quienes hasta hoy han hecho público ese deseo, no lo veo en este momento.

Lo que usted estimado lector o lectora, opine en ese sentido, merece mi pleno respeto. Bienvenida la diversidad porque ese factor es el que permite la crítica constructiva y por lo tanto enmendar errores.

Sin embargo, para su servidor no debería existir dilema hasta ahora para votar en la sucesión municipal en 2024. La mejor decisión será la suya como ciudadano, pero siempre vale la pena recordar una vieja frase popular que retrata lo que planteo en estas líneas:

“Con agua, pasto y dinero, cualquiera es ganadero”…

X (Twitter): @LABERINTOS_HOY