No se secan lo ríos por falta de lluvia, se secan, porque el hombre deja de añorar la paz que emana de la calma, con la que recorren las aguas el largo camino, de tantas almas que disfrutaron volver al medio de donde pasaron sus mejores días y forma parte de su pasado.

No se deja de soñar por estar despierto, sino cuando se pierde la esperanza para ver y sentir que la vida es maravillosa y se deja de crear escenarios enriquecidos con las imágenes, los sonidos y las sensaciones, generadas cuando nuestras emociones suelen ser el tintero donde la pluma de la voluntad le daba color a lo que el corazón iba escribiendo para formar la historia de nuestras vivencias.

No se deja de amar cuando se deja de querer, el amor es la esencia que define la verdadera forma del ser, la divinidad pura donde no existe ni el bien ni el mal, es la forma de agradecer a Dios la oportunidad de existir, para disfrutar a plenitud su creación insuperable, donde el querer pierde significado, porque nadie puede jactarse de ser dueño de nada material, mucho menos de su ser, porque todo en el universo se rige por la voluntad del Creador.

Nada se puede perder cuando se le da rumbo y destino a la vida con amor, y cuando por amor se vive para establecer la armonía para vibrar a la misma frecuencia con la que vibra el espíritu creador de todo cuanto existe, si se deja espacio para atesorar sentimientos negativos, éstos le darán tal peso a tu existencia, que te será difícil emprender el vuelo para trascender a una vida nueva.

No se caen las hojas de los árboles hasta que hayan cumplido su misión en la vida del árbol, porque las hojas no se preocupan por sostenerse en las ramas, porque saben que volverán a brotar cuando el árbol las necesite para mantener en pie su tallo.

No se pierde la confianza, cuando se cree en Dios y no se titubea en la fe, porque a cada paso que se da, se puede tener la seguridad de que el Señor te está acompañando, más si no atiendes a su llamado, dejará que te caigas para aprender lo que significa estar equivocado.

Nadie se pierde al seguir el camino de la verdad y la vida, todos llegaremos al final porque todos tuvimos el mismo principio, si acaso algunos tardarán un poco más de tiempo en llegar, pero de estar arrepentidos del pecado original, todos podrán ser perdonados para ser purificados y alcanzar la eternidad prometida por el Cordero Pascual.

Añoranzas vienen y añoranzas van, todas están en el plan para recordarnos de dónde venimos y a dónde vamos.

 

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