Bajo el peso del cansancio con el cual riges tu vida, seguro encontrarás los años ya transcurridos, pero no todo ha sido tiempo perdido, ni todas las horas se habrán consumido por el rigor ejercido, ni todos los días habrás despertado cansado sintiendo dolor; dolor, que temprano, de ser tu enemigo se vuelve tu amigo, trátalo con amor, para que sea bueno contigo, piensa que ello es el pago sentido por el deber cumplido por la noble misión con que se te ha distinguido.
Bajo el mismo cielo, bajo el mismo sol, con harto calor o con intenso frío, agradeces a Dios el sentir que siempre está contigo, el saber que él es bueno y te da la fuerza, la sombra y abrigo, y tú complacido, te esfuerzas en cumplir, ejerciendo el don que se te ha conferido.
¿Acaso el tiempo te habrá doblegado? ¿Acaso te acosa? Pero se da por vencido, cuando encuentra que lo que siempre te ha sostenido, no es un cuerpo que se encuentra dormido, sino el espíritu erguido, donde fluye el amor con el que el Señor te ha consentido.
Siéntelo… siente cómo llega a tu vida, vívelo… vívelo, así como florece un rosal que no muere con el intenso calor o el frío, siente cómo su amor se aloja en tu corazón, que a veces se entristece cuando está confundido, pero se llena de gozo, cuando por tu fe, de su amor se llena y te deja sentir el poder, que despoja de su fuerza al tiempo, que, siguiendo su curso, no tiene el placer de vencer a un alma como la tuya.
Con una Palabra me convierto, en una palabra de verdad y vida, que quita mi cansancio y calma mi sed, porque Él es la fuente de agua viva.
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