Y recogiendo del suelo una pequeña rama de mejorana, que seguramente se desprendió de un arbusto al roce del cuerpo de uno de los que explorábamos el breñal de la sierra de Santiago N.L. que apurados íbamos abriendo paso para no ser sorprendidos por los rayos del sol del medio día; de piel morena casi todos y el que no, esperando no sufrir una quemadura en su blanco tegumento, en las áreas descubiertas de su cuerpo; cansado yo de tanto caminar, busqué el refugio en alguna generosa sombra, encontrando un encino nativo y sin más, me senté en el suelo, recargando mi dorso sobre su tallo; el ligero aire caliente que soplaba en el entorno, superaba la temperatura del cuerpo, que en automático trataba de enfriarse, perlándose mi frente de grandes gotas de sudor, sintiendo, cómo poco a poco, una fina capa de humedad brotaba de los poros sudoríparos, resistiéndose al contrastado esfuerzo del aire por secarme, acerque la ramita de mejorana a mi nariz para aspirar el aroma a orégano que despedía y poco a poco me sentí relajado por su efecto, entonces cerré los ojos y poco a poco empecé a quedarme dormido, que como adolescente y soñador que era en ese tiempo, evoqué una imagen de mujer idealizada por el despertar oportuno de la emoción de enamoramiento propio de la edad, fue tan real y profético mi sueño que me dejó tan impresionado, al grado de emprender una búsqueda incansable de aquel maravilloso ser que me inspiraba a ser persistente y resistir el tiempo necesario para encontrarlo, sorteando todos los obstáculos, como serían el tiempo y el espacio.
Abriéndome paso en los sueños, mi empeñosa búsqueda me fue dotando de un mágico cincel para poder esculpir en mi memoria aquella deidad para que no se borrara, conjugando en su figura su belleza, rangos de su comportamiento y sus virtudes, sin duda una obra de arte, una visión romántica, serena y delicada, que parecía inalcanzable.
Abriéndome paso entre lo real y lo ideal, no me dejé intimidar ante las diferencias que pueden exhibir una complejidad para encontrar a la mujer de mis sueños, pues encontré la armonía entre la belleza natural, la empatía, la tranquilidad y la inteligencia con suficiencia para saber que no hay ser humano perfecto, pero si perfectible cuando hay madurez física y espiritual utilizando la conciencia plena.
enfoque_sbc@hotmail.com