Hay fechas que no se olvidan y el 28 de junio de 2010 es una de ellas.
Ese día fue asesinado el entonces candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, cuando se dirigía al aeropuerto de Ciudad Victoria para viajar a Matamoros, donde sostendría un encuentro con periodistas antes de continuar con sus cierres de campaña, en este caso en Valle Hermoso, a tan sólo una semana de la elección.
Aquel atentado no solamente terminó con una candidatura y con la vida de un gran ser humano; también cambió para siempre la historia política de Tamaulipas.
Fue el primer candidato a gobernador asesinado en México en la era moderna, en pleno proceso electoral, y marcó uno de los episodios más dolorosos de la vida pública de nuestro estado, en una de las etapas más violentas que ha vivido Tamaulipas.
Han pasado dieciséis años y, hasta ahora, no se ha hecho justicia.
Las investigaciones permitieron identificar y detener a algunos de los autores materiales, pero nunca se conoció públicamente una conclusión definitiva sobre los responsables intelectuales.
El expediente permaneció reservado durante años y, hasta hoy, no existe una sentencia.
Cada aniversario luctuoso vuelve a recordarnos que, en muchos casos, la justicia tarda demasiado en llegar y sigue siendo una deuda con la sociedad.
Las familias de las víctimas merecen respuestas y los tamaulipecos también.
Paradójicamente, ese hecho también marcó un momento muy importante en mi vida profesional.
Un día después de aquel asesinato, hace exactamente dieciséis años, publiqué mi primera columna de opinión en El Mercurio de Tamaulipas.
Desde entonces han pasado gobiernos, elecciones, crisis, tragedias, momentos de esperanza y también de incertidumbre. Han cambiado muchas cosas.
Pero lo que no ha cambiado es la convicción de que el periodismo tiene la responsabilidad de preguntar, analizar y mantener viva la memoria de los hechos que marcaron nuestra historia, como la del doctor Rodolfo Torre Cantú.
No olvidemos que quienes olvidan su pasado corren el riesgo de repetirlo.
Que Dios los bendiga, gracias. Leo sus comentarios en mis redes sociales…