La desecación progresiva de los cuerpos lagunarios en la zona sur de Tamaulipas ha generado una alerta ambiental derivada de la pérdida acumulada de 41 hectáreas de esos mantos, en donde cada año se suman a la desaparición más de dos hectáreas debido a la expansión de asentamientos irregulares, proceso que de continuar provocará inundaciones más severas y un desastre ecológico.

El fenómeno se sufre especialmente en el municipio de Madero, en donde ya se considera una evidencia alarmante de deterioro ambiental. “El ritmo superior a las dos hectáreas por año es una cifra que refleja el impacto del crecimiento demográfico”, señaló la titular de la Dirección de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente, Natalia Jasso Vega, quien señaló que entre 2006 y 2026 se ha registrado una pérdida constante de estos espacios naturales.

Más allá de los datos, explicó que un factor que agrava este problema es la normalización de prácticas como el relleno clandestino, muchas veces tolerado, así como la expansión de asentamientos ilegales, que con el tiempo terminan siendo regularizados y por lo tanto son vasos de captación perdidos.

“El patrón se repite, invasiones que se consolidan, fraccionamientos que avanzan sin una planeación sostenible y zonas que hasta hace pocos años, formaban parte del ecosistema lagunario. La omisión institucional y la falta de aplicación efectiva de la ley han permitido que esta problemática crezca sin freno”, destacó.

La pérdida de lagunas no sólo representa un daño ambiental prácticamente irreversible, sino que incrementa el riesgo de inundaciones y rompe el equilibrio ecológico de la región. Estos cuerpos de agua cumplen una función clave como reguladores naturales ante lluvias intensas, además de ser hábitat de diversas especies.

El llamado para denunciar estas prácticas resulta pertinente, pero insuficiente si no va acompañado de una respuesta firme por parte de las autoridades. La pérdida de más de dos hectáreas de laguna por año no es sólo una estadística: Es un síntoma de desorden urbano, de permisividad y de una crisis ambiental que, de no atenderse, podría tener consecuencias aún más graves para el sur de Tamaulipas.