La reducción de recursos públicos, la desaparición de programas de apoyo y el cierre de espacios de interlocución con el gobierno federal obligaron a las organizaciones campesinas a reorganizarse para mantener sus actividades y recuperar presencia en el país, afirmó Álvaro López Ríos, secretario general de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA).
Expuso que agrupaciones históricas como la Confederación Nacional Campesina (CNC) y la Central Campesina Independiente (CCI) quedaron desmanteladas o enfrentan un proceso de extinción, mientras otras intentan sobrevivir a lo que calificó como una etapa de mortandad del movimiento campesino organizado, atribuida al expresidente de México.
El dirigente explicó, que la UNTA atraviesa una fase de reorganización nacional, que incluye la renovación de sus responsables en las distintas entidades federativas, con el propósito de recuperar capacidad de gestión y fortalecer las luchas locales.
Recordó que, durante la administración de la Cuarta Transformación, las organizaciones del campo enfrentaron restricciones para acercarse a las autoridades.
“Cerraron puertas, descalificaron, ordenaron que nadie nos atendiera”, señaló, al sostener que, pese a esas condiciones, su agrupación continúa activa en municipios y estados, donde exige un manejo adecuado del presupuesto público y recursos para impulsar cambios en el sector.
López Ríos sostuvo que uno de los objetivos centrales de la reestructuración consiste en recuperar presupuesto para el campo, luego de que el gobierno anterior redujera recursos y eliminara programas que, desde su perspectiva, eran necesarios para respaldar la producción primaria.
Cuestionó, además, la orientación de los subsidios sociales de carácter clientelar, al considerar que esa política no ha beneficiado al país y presenta contradicciones frente a los planteamientos de la actual administración federal.
Como ejemplo, mencionó el discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la defensa de la soberanía nacional, que consideró insuficiente si no se recupera la capacidad de México para producir sus propios alimentos.
De acuerdo con el dirigente, el 72 por ciento de los alimentos que llegan a la mesa de los mexicanos son importados, situación que atribuyó a la falta de apoyos y de políticas públicas dirigidas a elevar la producción y productividad agrícola.
También criticó las condiciones en las que, dijo, quedó el campo mexicano frente a la competencia comercial con Estados Unidos y Canadá, al considerar que los productores nacionales fueron expuestos a competir en desventaja dentro del esquema de libre comercio.
López Ríos calificó las consecuencias de esas políticas como un “genocidio para la agricultura mexicana” y sostuvo que la recuperación de las organizaciones campesinas pasa por restablecer los apoyos presupuestales, fortalecer la producción nacional y recuperar la soberanía alimentaria.