Las “cajas chicas” en oficinas del gobierno del Estado y los gastos discrecionales y sin comprobación de funcionarios de primer nivel, son a partir de ayer parte del pasado en Tamaulipas.
Lo anterior se deriva de nuevas disposiciones en el gasto corriente y público, que a manera de “candados” financieros busca reordenar la estructura interna y cerrar la puerta al uso libre de dinero público dentro de las dependencias, especialmente en las secretarías.
El acuerdo publicado ayer en el Periódico Oficial del Estado establece que cualquier modificación a la estructura -incluyendo creación de plazas, cambios administrativos o reasignación de funciones- deberá pasar por una revisión presupuestal detallada, donde se desglosan sueldos, prestaciones e impacto financiero total.
Ésto implica que los titulares de área ya no podrán operar con esquemas flexibles de gasto, ya que cada movimiento deberá estar sustentado en un dictamen técnico que valide su viabilidad funcional y económica. En este escenario, la Secretaría de Finanzas es filtro final al tener la última palabra para autorizar recursos adicionales, lo que limita la facultad de los titulares de áreas en el manejo del presupuesto.
En paralelo, el Comité de Análisis y Dictaminación revisará no sólo la estructura, sino también la pertinencia de cada puesto y función, con el objetivo de detectar posibles duplicidades, puestos “fantasma” o áreas sin justificación operativa, donde comúnmente se concentraban gastos poco transparentes.
El acuerdo oficial obliga también a documentar todo el proceso mediante formatos técnicos, organigramas, análisis jurídicos y estimaciones presupuestales, lo que genera evidencia formal del uso de recursos y estrecha el margen para los históricos “gastos sin comprobar”.
En este nuevo esquema, cualquier incremento presupuestal deberá estar plenamente justificado y alineado a principios de austeridad, legalidad y rendición de cuentas, lo que en los hechos representa un “candado” para prácticas discrecionales dentro del aparato gubernamental.
Como objetivo básico, el ordenamiento apunta que el gobierno estatal busca garantizar que cada peso ejercido tenga sustento técnico y legal, elevando el nivel de vigilancia sobre el gasto público.