Ciudad Victoria, Tamaulipas. – En los caminos de terracería que conducen a ejidos de San Fernando y a los poblados pesqueros de la Laguna Madre, la escena se repite: puertas cerradas, consultorios vacíos y salas de espera convertidas en espacios fantasma. Lo que antes fue punto de auxilio hoy es símbolo de incertidumbre.

Habitantes de comunidades apartadas narran que, ante una fiebre alta, una caída o un parto inesperado, la opción más cercana no es la clínica local, sino emprender un traslado de varias horas hacia la cabecera municipal. Para muchas familias, ese recorrido implica gastos imposibles o riesgos que se agravan con el paso del tiempo.

La diputada local Marina Ramírez Andrade, del Partido Acción Nacional, asegura que tras recorrer distintas localidades constató la falta de personal médico y de enfermería. En varios casos, explicó, apenas se cuenta con un doctor en un turno limitado, lo que deja sin cobertura las tardes y noches, cuando suelen registrarse accidentes domésticos y emergencias.

Vecinos relatan que hay unidades que operan de forma intermitente y otras que permanecen cerradas durante días. La consecuencia, dicen, es una sensación constante de desprotección. “Si algo ocurre al anochecer, no hay a dónde acudir”, comentan pobladores que prefieren omitir su nombre.

La legisladora también advirtió sobre reportes de fallecimientos presuntamente ligados a la falta de atención oportuna. A ello se suma la preocupación por rezagos en campañas de vacunación y el riesgo ante enfermedades que habían sido controladas. En el campo tamaulipeco, la salud se ha vuelto un trayecto largo y cuesta arriba.