Lo que hoy parece un parche de árboles entre calles, viviendas y concreto podría convertirse mañana en un espacio intocable.
El Congreso de Tamaulipas aprobó reformas para que los bosques urbanos puedan ser incorporados al régimen estatal de áreas naturales protegidas, una medida que busca frenar la presión del crecimiento de las ciudades y dar protección legal a estos espacios considerados clave frente al cambio climático.
La reforma, impulsada por la diputada Mayra Benavides Villafranca, de Movimiento Ciudadano, modifica el marco jurídico ambiental para reconocer que la naturaleza también puede requerir protección dentro de las zonas urbanas.
El argumento central es que un bosque urbano no es solamente un área verde o un elemento del paisaje: funciona como un regulador natural de temperatura, contribuye a la captura de carbono, favorece la recarga de los acuíferos y ofrece refugio para diversas especies.
En ciudades donde cada vez existe mayor presión sobre el suelo para construir viviendas, vialidades y desarrollos, estos espacios pueden quedar expuestos a la urbanización si no cuentan con mecanismos legales específicos para su conservación.
Por ello, la reforma abre la puerta para que aquellos bosques urbanos que cumplan con las condiciones establecidas puedan recibir la protección correspondiente como áreas naturales protegidas.
Benavides Villafranca sostuvo que la ubicación de estos espacios dentro de las ciudades no debe convertirse en una desventaja para su conservación.
La legisladora destacó que reconocerlos jurídicamente permitirá otorgarles mayor certeza y preservar las funciones ambientales que cumplen para la población.
El cambio también coloca a los bosques urbanos como parte de las estrategias para enfrentar los efectos del cambio climático, particularmente en ciudades donde las altas temperaturas, la pérdida de vegetación y la expansión de la mancha urbana incrementan la vulnerabilidad ambiental.
Con la reforma aprobada, Tamaulipas amplía así su catálogo de espacios susceptibles de protección ambiental y establece una herramienta para que los llamados “pulmones urbanos” no queden a merced del crecimiento de las ciudades.
El reto, ahora, será llevar la protección del papel al territorio: identificar los bosques que cumplen con los criterios, establecer su régimen de conservación y garantizar que permanezcan como áreas verdes para las generaciones que vienen.