El Presidente Donald Trump expresó dudas de que sus socios del tratado de defensa del Atlántico Norte apoyen a Estados Unidos en caso de que los necesite, elevando la tensión global y entre sus aliados.
“Siempre estaremos ahí para la OTAN, aunque ellos no estén ahí para nosotros”, escribió, un día después de que la Casa Blanca asegurara que la vía militar está entre las posibles formas de conseguir la anexión de Groenlandia, territorio del aliado de la OTAN Dinamarca.
Trump repite en su mensaje que los gastos militares de muchos miembros de la OTAN eran insuficientes hasta que él intervino.
“¡Estados Unidos pagaba tontamente por ellos! Con todo respeto, los he hecho llegar al 5 por ciento del PIB destinado al presupuesto de defensa”, afirmó.
El Presidente estadounidense continuó con su costumbre de enviar mensajes ambivalentes: “Son todos mis amigos”, dijo en referencia a los países miembros de la OTAN.
Más a título personal, el republicano denunció: “Recuerden también que yo solo he puesto fin a 8 guerras y Noruega, miembro de la OTAN, ha decidido estúpidamente no concederme el Premio Nobel de la Paz”.
“El único país que China y Rusia temen y respetan es a los Estados Unidos reconstruidos por DJT”, concluyó con el uso de sus iniciales.
Incertidumbre imperialista
Según The New York Times, los líderes europeos están indignados e incluso “presas del pánico” por las nuevas amenazas de Trump de arrebatar Groenlandia a Dinamarca, tras su intervención militar en Venezuela. Sin embargo, necesitan que Estados Unidos garantice una seguridad creíble para la Ucrania de posguerra contra cualquier nueva agresión de Rusia, un interés estratégico vital para Europa.
En ese contexto, los líderes europeos se reunieron el martes en París con negociadores estadounidenses de alto nivel para debatir cómo lograr un acuerdo de paz en Ucrania.
Ese mismo día, algunos países habían emitido una declaración conjunta de solidaridad con Dinamarca, en la que pedían la seguridad colectiva de la OTAN en el Ártico, incluyendo a Estados Unidos. No contenía ninguna crítica explícita a Washington, y la reunión en Ucrania se centró principalmente en mantener a la Administración Trump en el barco.
Incluso con esas muestras externas de unidad euro-estadounidense, lo que subyace a todo es el repentino regreso de Trump a una era más imperialista. Los europeos que consideran la intervención estadounidense en Venezuela una violación del derecho internacional ven a un Presidente republicano renovado y cautivado por la acción militar, que comparó con ver un programa de televisión.
Se presenta como una fuerza en gran medida impredecible, capaz de causar enormes perturbaciones -en la OTAN, en Ucrania, en Irán, en la Franja de Gaza- mientras su mirada oscila entre un objetivo imaginario y otro.
Tras la reunión con Ucrania, al ser preguntado sobre Groenlandia y Venezuela junto con los enviados estadounidenses, el presidente francés, Emmanuel Macron, se negó a responder, calificándolos de “no tener mucha relación con los asuntos de hoy”.
Posteriormente, declaró a la televisión francesa: “No puedo imaginar un escenario en el que Estados Unidos de América se vea en la posición de violar la soberanía danesa”.
En general, los líderes europeos han dicho poco y han hecho declaraciones colectivas que evitan las críticas a su aliado más importante y ahora más disruptivo: Estados Unidos.
Mark Leonard, director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, un grupo de expertos, dijo: “Hay una brecha enorme entre las reacciones públicas y privadas de los líderes europeos”.
“En privado, están en pánico por lo que pueda pasar, especialmente en Groenlandia, y qué podrían hacer al respecto”, apuntó.
“Pero en público, sobre Venezuela, están desesperados por no decir nada crítico ni invocar el derecho internacional contra Trump en un momento de máximo peligro para Ucrania. Quieren usar su influencia en Ucrania”.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha sido contundente al pedirle a Washington que deje de lado la situación.
Una acción sobre Groenlandia y Dinamarca, según ha afirmado, pondría fin a la OTAN.
“Si Estados Unidos decidiera atacar a otro país de la OTAN, todo llegaría a su fin”, declaró Frederiksen el lunes a una emisora danesa.
Eso incluiría, añadió, el fin de “la seguridad que se ha proporcionado desde el final de la Segunda Guerra Mundial”.