CIUDAD DE MÉXICO.- Este jueves se estrena en las salas de cine No dejes a los niños solos, el más reciente largometraje del cineasta Emilio Portes. La producción, ambientada en la década de los ochenta, se aleja de los recursos convencionales del género para centrarse en una narrativa de suspenso donde la seguridad del hogar se ve vulnerada. La trama sigue a Catalina, una mujer viuda interpretada por Ana Serradilla, quien se ve obligada a dejar a sus hijos Matías y Emiliano, de 9 y 7 años, solos por un par de horas, sin imaginar que la propiedad oculta un pasado sombrío que incita a los menores a la violencia.
La propuesta de Portes no solo recurre a elementos paranormales, sino que juega con la percepción del espectador sobre la conducta infantil y las consecuencias del dolor familiar. El director plantea múltiples capas de horror que van desde el uso de la ouija hasta los efectos de medicamentos y traumas psicológicos.
Sobre el origen de la historia y sus posibles interpretaciones, el cineasta señaló:
“La película está basada en la premisa de todas esas maldades que hicimos de niños y que de milagro no nos matamos, pero la gente nunca sabe realmente qué es lo que ocasiona esta aventura. Todas esas versiones, la del mundo sobrenatural o la del mundo real, pueden convivir con lo que está pensando el espectador, si fue la casa, si fue la ouija, si fueron los niños o por el medicamento, si fue este periodo de trauma por el que está pasando la familia y de dolor que ocasiona la historia”.
A pesar de que la historia transcurre durante la noche, el rodaje se realizó íntegramente de día debido a la presencia de los protagonistas infantiles. Para simular la oscuridad y el clima lluvioso, se construyó una estructura técnica de mil la propiedad ubicada en el Pedregal, locación elegida tras revisar casi 300 opciones.
Ana Serradilla, quien cumple el objetivo profesional de estelarizar una cinta de este género, destacó la complejidad emocional de su personaje en un contexto de abuso y vulnerabilidad femenina. Por su parte, el director enfatizó que el horror se manifiesta de forma progresiva y casi imperceptible:
“La película es muy sutil, van sucediendo cosas paranormales muy pequeñas y no te das cuenta. De repente les mueven objetos y aparecen en lugares donde no estaban previamente, como si fuera un error de continuidad, pero lo hicimos adrede”.
Aunque la cinta presenta mayor carga gráfica que proyectos anteriores de Portes como Belzebuth, su éxito radica en la tensión psicológica. Este enfoque le permitió obtener el Blood Window Award en el festival de Sitges, además de recibir críticas favorables en encuentros cinematográficos de renombre como Rotterdam, Bruselas, Feratum y Macabro.