Cuenta la historia que en 1981 sucedió uno de esos hechos históricos cuyas repercusiones nunca se diluyen a pesar del paso del tiempo. El 21 de octubre sobre el río Santa Catarina, en el Puente San Luisito de Monterrey, Rigo Tovar y su Conjunto Costa Azul ofrecieron un concierto gratuito que fue visto por alrededor de seiscientos mil asistentes, una cifra dos veces más grande que la audiencia que el Papa Juan Pablo II había congregado tan solo unos meses antes en su visita a la ciudad fronteriza mexicana. “Se dijo que Rigo tenía más poder de convocatoria que el Papa”, relata el poeta y periodista Arnulfo Vigil en uno de sus textos dedicados al ídolo de Matamoros. Desde entonces a ese puente se le conoce como El Puente del Papa. “En realidad –dicen los regios –debería ser el puente de Rigo Tovar”, remata Vigil en su escrito.

Para ese entonces, Rigo y su Conjunto ya habían alcanzado algunos logros que hasta el día de hoy permanecen intactos. Con casi una decena de discos hasta ese momento, lograron reconfigurar el sonido de la música mexicana a partir de la experimentación en terrenos como el rock y la música tropical. Además, con un par de películas protagonizadas por él, un día en Houston ya estipulado que celebra su vida (31 de agosto) y una revolución en la industria discográfica de México por la demanda de su obra, Rigo era ya considerado uno de esos personajes que van más allá de un simple artista. Cuando aquel hecho histórico llegó, Rigo Tovar no era solamente cantante y compositor. En ese momento Rigo ya era amor.

Cincuenta años después, su legado y el de Costa Azul siguen latentes en mucha de la música latinoamericana que se escucha hoy en día. No importa si es en las grandes ligas o en los terrenos más subterráneos de la creación, su discografía es un valioso pozo sin fondo de inspiración que permanece inamovible. “Cuando llegaron Lauro [López] y Marco [Sánchez] fue increíble, agarraron los sintes y empezaron a improvisar, a hacer solos y líneas lindísimas”, dice Eblis Álvarez sobre trabajar con dos de aquellos personajes que hicieron historia. “Tienen una forma de hacer las cosas increíble. Y cuando ellos hablaban de música, sí hablaban de música tropical pero también les gusta el rock progresivo y muchas cosas más”, recuerda Camilo Lara sobre la experiencia.

Tanto Álvarez como Lara se juntaron con Lauro López y Marco Antonio ‘‘Pachy’ Sánchez -miembros fundadores del conjunto Costa Azul– para crear un disco directamente inspirado en todo el legado de Rigo Tovar y su conjunto, un álbum que no solo pretende homenajear y revalorizar, sino que continúa una línea de vida de experimentación tan sui generis como valiosa en lo que hoy se conoce como música latinoamericana. “Es muy interesante ver que alguien que estaba haciendo esto en los 70 tenía la misma forma de ver el mundo y lo notas. Por eso Rigo sonaba tan emocionante y era tan brillante su música, porque estaba nutrida de muchas cosas”.

Las carreras de Camilo Lara y Eblis Álvarez en la música han caminado por más de 20 años de manera paralela. Con el Instituto Mexicano del Sonido, Lara se ha convertido en uno de los personajes más recurrentes de la industria musical mexicana y su figura se ha impuesto como una especie de monopolio omnipresente incluso en otras disciplinas, como el cine o la televisión. Con Meridian Brothers –y Chúpame el Dedo, Romperayo, Los Pirañas y más proyectos que se añaden y se disuelven a placer– Álvarez le ha inyectado una vitalidad especial no solo a las músicas de su natal Colombia, sino también a un sinfín de sonidos latinoamericanos que, hasta la fecha, se encuentran en constante transformación en gran medida gracias a su obra. Con este disco es la primera vez que sus carreras se intersectan: “Primero empezó toda la parte amistosa, de idas y venidas de México y Colombia. De reuniones a hablar de música. Y en algún momento surgió la inquietud de hacer algo juntos a partir del estilo de cumbia de órgano”.

“Fueron muchos años de insistirle a Eblis para hacer algo juntos”, asegura Camilo, “después de mucho tiempo, la idea vino de él. Me dijo que hiciéramos un disco juntos. Para Eblis los discos son piezas completas y tienen una temática siempre. Yo creo que pensó un concepto que podía tener sentido para hacer juntos, que era buscar este sonido de cuando la cumbia cambió de orquestas a sintetizadores y a otros sonidos en las guitarras y en los bajos. A partir de ahí empezamos a oír música en ese estilo y empezamos a hacer un disco”. Ruido Tovar es ese disco, 10 canciones que encapsulan de manera impecable los pequeños y grandes detalles que hicieron que la música tropical mexicana de los 70 y 80 fuera tan importante para todo lo que vendría después.

Ninguno de los dos es ajeno a las colaboraciones. Tanto Lara como Álvarez han tenido algunos ejercicios previos en cuanto a unir mentes creativas se refiere. Por un lado hay discos del Instituto Mexicano del Sonido como Mexrrissey (inspirado en Morrissey) o Compass (al lado de Toy Selectah); por otro lado hay álbumes de Meridian Brothers como Paz en la Tierra (con el Conjunto Media Luna) o Colombiana (de la mano de El Niño de Elche). Con un claro bagaje de creatividad compartida detrás, Ruido Tovar es la producción que logra unirlos de la manera más justa posible. “Creo que es el disco más 50/50 que me ha tocado hacer en mi vida”, afirma Lara, “Las letras son 50/50, además producto de platicarlas. Las melodías también lo son, oyes mucho la voz de Eblis, oyes mucho la mía. Creo que sí es un esfuerzo muy parejo de colaboración”.

Más que un simple ejercicio de dos personas creando en conjunto, Ruido Tovar se siente como un ente simbiótico. Un ganar-ganar que se percibe a lo largo del disco. De Camilo Lara, Eblis Álvarez logró tener a su disposición todas las bondades que uno de los imperios musicales más grandes de México puede brindar, además de una exposición que parece existir en automático gracias a la figura de su acompañante en el país. De Eblis Álvarez, Camilo Lara añade a su carrera una validación necesaria, una de esas credenciales que se antojaban urgentes en una carrera que se ha interesado más por la simple exposición y el exotismo que por la efectividad o el verdadero valor de sus creaciones. Ruido Tovar es un conjunto de bondades que van y vienen, uno de los join ventures más interesantes de los últimos meses.

“Este sí fue un disco a mitades. Las colaboraciones siempre son muy gentiles y aquí no siento que haya habido esa elegancia de ceder cosas, porque no había necesidad. Fue una cosa muy natural. Nuestros poderes venían de distintos lados y ni siquiera hubo chispas en algunas cosas porque somos muy diferentes. Aunque parecería que en escrito podríamos tener muchas cosas en común, musicalmente somos muy diferentes. Se acomodó todo y se llenó el agua del vaso con los dos líquidos”.

En Ruido Tovar, además de Lara, Álvarez y la presencia invaluable de Lauro y Pachy de Costa Azul, se encuentra la figura de Beck como un integrante más del proyecto. “Beck fue quizá el primero de los artistas prominentes que cultivaron esta manera en la que el mundo se ve ahora”, teoriza Eblis, “Fue de esos primeros músicos que empezaron a hacer collages, claro que en el hip hop empezó desde antes, pero alguien que agarrara diferentes estilos e hiciera un pastiche, Beck es absolutamente conocido por eso. Y eso lo hace atemporal”. El músico californiano está presente en Ritmo Babilonia (una reinterpretación de El Festival de mi Pueblo de Rigo Tovar) y en Cumbia Beckiana, dos canciones que llevan la idea a terrenos un poco más insospechados. “Llevamos ya muchos años trabajando Beck y yo en un proyecto y muchas de las referencias eran Meridian Brothers”, complementa Camilo, “fue súper natural invitarlo para este disco. Nos llamó, fuimos a Los Ángeles, grabamos en su estudio y fue un poco el mismo proceso que seguimos aquí: colaboración de cuerpo presente. Fue muy emocionante porque en cierta manera te das cuenta que el mundo lo terminamos viendo desde el mismo ángulo y eso es bonito”.

Si hay algo que se percibe a lo largo de Ruido Tovar son esos cuerpos presentes en todo momento. Cumbia del Lobo, por ejemplo, es una pieza en sintetizador que respira dulzura en su comportamiento análogo. Ira (IA), una de las canciones mejor logradas de todo el disco, encuentra a sus creadores haciendo una carta de amor y desdén a la inteligencia artificial a través de su humanidad. “Casi no hay máquinas, todo es análogo”, sentencia Eblis, “No hay nada de gadgets de computador, todo está grabado con el cable de línea ahí. Es un disco hecho a la antigua de ir conectando todo, ir mirando. Es un disco super vivo y super en el momento”.

“Justamente nuestra generación fue de esas que empezaron a mirar al pasado y al registro ya hecho como manera de componer, porque siempre apelábamos al sampleo, a la referencia y eso no pasaba en los 80 y 90, en donde el músico estaba creando su propio mundo. Pero eso cambió muchísimo en los 2000. Yo creo que eso vino de la mano de las computadoras, que la psyche cambió de yo ser el centro de creatividad pura a yo me expreso por medio de lo que consumo, de lo que oigo, de lo que colecciono. Creo que nosotros crecimos un poco en paralelo a eso y con los medios tecnológicos de poder samplear o poder hacer las cosas fáciles en una computadora y no tener que poner la cinta, el micrófono y ver que funcione. Creo que al final nuestra generación se mueve muy así, mirando al pasado, mirando al registro, mirando a lo que está ahí en la cultura puesto”.

Puede ser que Ruido Tovar sea un encuentro generacional, un diálogo de ida y vuelta entre sesenta años de experimentación en la música tropical. En instrumentos, en ideas y en ejecución. Pero el disco encuentra a todos ellos unidos, también, por el sentido del humor imborrable de la cultura latinoamericana. “Nos gusta esa ironía que no sabes dónde empieza y dónde termina”, dice Camilo sobre canciones como El Campeón (Bienes Funerarios), Concorde o Cumbia de los Estudiantes, en donde sus letras contienen la misma cantidad de gracia que de profunda reflexión y en donde esas palabras se encuentran enmarcadas por elementos como la cumbia, el cha cha cha o el rock. “No saber dónde hay seriedad y dónde hay ironía es fundamental y la ironía siempre ha estado en la cumbia y en la música de baile. Tiene que haberla, no puedes hacer una opus y tomarte como el catedrático de la música de baile. Es música para divertirse. Siento que eso puede ser el primer punto del diagrama de Venn en el que coincidimos Eblis y yo”.

El disco fue lanzado el pasado 22 de mayo de 2026 y fue editado por Ansonia Records, la legendaria casa discográfica que ha albergado mucha de la música caribeña más profunda desde su fundación en 1949 y que en su catálogo, hasta ahora, cuenta con más de 5000 canciones editadas. ¿Cómo se escucha en vivo? “Hay nueve músicos en el escenario”, aseguran sobre la puesta en escena que están preparando para una gira que recorrerá partes de América y Europa para presentar todas estas canciones. “Yo estaba un poquito asustado porque no íbamos a poder cargar el Hammond, el Farfisa, tener el técnico que los tenga a punto. Eso sería una cosa de millones de dólares y no nos podemos dar ese lujo”, asegura Eblis, “Pero ya va agarrando forma, me ha dejado muy optimista”.

Cuenta la historia que un domingo 27 de marzo de 2005 sucedió otro de esos hechos históricos inolvidables. En el Hospital Santa Coleta de la Ciudad de México falleció Rigo Tovar, a dos días de su cumpleaños número 58. Como si todo fuera matemáticas exactas, diez años más tarde, Marco Antonio ‘Pachy’ Sánchez tendría el mismo destino y su figura alcanzaría a la de Rigo en un acto que, una vez más, convertiría a la Costa Azul en uno de esos conjuntos que no dejan de hacer historia, incluso si ya no están presentes. Ruido Tovar es la última grabación de Pachy. “Fue muy bonito ver a experimentalistas de los 70 haciendo lo suyo”, reflexionan Camilo Lara y Eblis Álvarez hoy a la distancia, “Él estaba feliz tocando sus redobles muy locos, todo rockero”. En 50 años más, estas figuras –y la de Eblis y la de Camilo– seguirán tan vigentes como hoy. Eso es, quizá, el más grande regalo que Ruido Tovar nos pudo haber dejado.