A lo largo de la historia, la furia se ha utilizado como una fuerza capaz de desafiar el poder y reclamar justicia. Tanto en la ficción como en la realidad, los relatos de guerras y rebeliones han dado lugar a figuras cuya ira es sinónimo de resistencia: desde Aquiles en La Ilíada hasta Espartaco y su rebelión. Pero para las mujeres, la narrativa parece distinta.
En 2008, una investigación por Victoria L. Brescoll y Eric Luis Uhlmann, publicada en Psychological Science, reveló que las mujeres que expresaban enojo en un entorno profesional recibían evaluaciones de estatus inferiores a hombres que manifestaban la misma emoción. Mientras que las reacciones del sector masculino se justificaban por el contexto, en las mujeres se atribuían a una característica interna de la persona.
Es precisamente al centro de esa contradicción donde se sitúa Estado de Furia, la serie creada por Félix Sabroso que parte de esta disparidad y se adentra en la vida de un grupo de mujeres llevadas al límite que abrazan la ira como la alternativa final. Entre las adiciones a la segunda temporada estrenada en HBO Max el 9 de octubre de 2026 destaca Cecilia Suárez, quien se suma al reparto para encarnar a India, una mujer que decide utilizar sus creencias para lucrar a costa de los demás.
Para Cecilia, más que un papel —y la oportunidad de compartir escenas con Carmen Maura—, interpretar a India fue una experiencia que le permitió explorar la relación de la mujer con la ira. “El enojo ha sido una cosa que históricamente se les ha prohibido a las mujeres. Las mujeres han sido educadas para aguantar y minimizar aquello que las enoja y, sobre todo, para no anunciar ni accionar sobre su rabia. Es más cómodo mantenerlas así dentro del sistema, pero eso no quiere decir que no exista. Manifestarlo es considerado casi antifemenino, porque inmediatamente te catalogan de histérica, de loca o neurótica”, dice la actriz
Para interpretar a India en Estado de furia, Cecilia se cuestionó por qué a las mujeres se les restringe de este sentimiento. “La serie también habla de la carga mental que las mujeres cargan a nivel social, que es mucho mayor a la que cargan los hombres, hay una disparidad infinita, y eso abona a que se llegue a esa furia mucho más pronto. Es tan sencillo como fijarse en lo que sucede cuando las mujeres y los hombres cometen el mismo delito y van a prisión y ellas reciben el doble de condena que ellos por el mismo crimen. Muchas veces está doblemente castigado por ser mujer”.
A lo largo de los episodios, la serie expone la vida de distintas mujeres que, a pesar de existir en un contexto distinto, están unidas por el hartazgo al que su entorno las empuja constantemente. En este sentido, la entrega propone mirar más allá de las acciones de sus protagonistas y, aunque no busca colocar la rabia como la única solución, se permite profundizar en el detonante desde una mirada sensible. “De entrada, hay que entender qué llevó a estas mujeres hasta ese punto, qué pasó antes y qué faltó para que se pudiera evitar llegar ahí o qué tipo de vejaciones o maltratos ocurrieron en el camino. Yo creo que la furia organizada consigue grandes cosas”.
Esta idea adquiere otra dimensión cuando se logra entender la serie como un reflejo de una realidad a la que mujeres en todo el mundo se enfrentan a diario en una batalla sesgada por la ideología de género. “Es importante que las mujeres naturalicemos la furia porque a los hombres sí se les ha permitido; el lenguaje más permitido a los hombres es la violencia. Son hombres quienes hacen las guerras y a nosotras no se nos ha dejado ni siquiera tocar el enojo. Tenemos que reivindicar que las mujeres también se enojan; es natural y tenemos derecho a hacerlo”.
Y aunque la ira funciona como un conductor, la serie no se detiene en solo mostrarla, también explora las estructuras que la producen y el viaje de quienes buscan encontrar la salida en ella. India, el personaje de Cecilia Suárez, habita en un terreno complejo: es una personalidad de televisión que cree en el poder de la sanación, pero utiliza sus medios para explotar la necesidad de creer de su audiencia y beneficiarse de ella. “India cree en lo que está haciendo, de verdad cree en la sanación, pero ha entendido que el vehículo más amplio para eso es la televisión y que hay reglas que ella sigue al pie de la letra. Félix, nuestro director, dice que todos los personajes son verdugos, pero al mismo tiempo víctimas de un sistema que oprime y los obliga a comportarse de cierta manera”.
Para Cecilia, esta contradicción permite la serie tener personajes creados para denunciar el entorno en el que existen y así comprender sus motivos sin reducir a sus protagonistas a una sola categoría y desplazar la pregunta a las condiciones en las que viven. “La serie habla de todo un sistema, del yugo del espectáculo bajo el cual vivimos hoy en día, donde todo puede ser un elemento mercantil, y mientras más espectáculos se hagan de ello, más redituable es, al grado de hacer mercantil la salud y el dolor de una persona. Cada una de las historias aborda algo que socialmente es un espejo intenso e importante y actual”.
El programa de HBO Max no busca convertir la furia en la solución ni justificar las acciones que nacen de ella; busca utilizar la comedia para acercarse a situaciones que abren preguntas que van más allá de la pantalla. “Es una serie que te entretiene, te hace reír, es un universo estéticamente bien interesante, pero además aborda temas en los que es importante reflexionar y que te deja con muchas preguntas después”, reflexiona Cecilia. Quizá de esta forma, Estado de Furia hace notar que lo que es realmente incómodo no es la furia de una mujer, sino el tener que reconocer qué fue lo que la llevó a ella.