¡Oh paz bendita, regresas oportunamente a mi alma cuando más lo necesitaba! Ayer, cuando la malicia rondaba con sigilo entre la maleza del desánimo, esperando con cautela el fatal momento en el que la desesperación y el hastío anquilosante, rebosaran del cuerpo abandonado, que debilitado por no hacer nada, preso por la desidia, dejó que el tiempo perdido rompiera la endeble armonía, y debiéndome sentir más fuerte por estar a tu lado, al estar confiados por vivir acompañados, para consolar nuestra tristeza, no percibimos el efecto nocivo de nuestra propia desesperanza, siendo tú el instrumento del enemigo, que enmascarado en constante asechanza, buscaba con afán dar motivo de molestia, para iniciar una guerra que a nadie beneficiaría; pero más grande que cualquier conflicto malicioso, está la prueba palpable del tiempo, entre dos seres eternamente enamorados.
No hay mal que por bien no venga, dice el refrán que ahora confirma, que el mal no está por encima del bien, y fui testigo de cómo Dios iluminó tu corazón ofendido por una simpleza, y después de sentir en ti la presencia de hacedor de todas las cosas, de rodillas agradecí al Señor, después de reconocer ambos nuestra torpeza, y regresó la paz y la armonía a nuestros corazones, dejando como enseñanza vital, que nada es más importante en la vida, que el amor.
Estaremos juntos en la prosperidad y en la adversidad, en la salud como en la enfermedad, amándonos y respetándonos toda la vida, es nuestra alianza y no deberá sujetarse al orgullo, sea mío o sea tuyo.
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