Lo que vimos en el Senado fue una vergüenza nacional. En lugar de debate, tuvimos un espectáculo de gritos, insultos y empujones. La política mexicana volvió a enseñarnos su peor cara, la del circo barato en el que los protagonistas se pelean por reflectores, no por soluciones.

Alito Moreno y Gerardo Fernández Noroña se robaron la escena, pero no por su talento para argumentar, sino por sus berrinches. De uno ya sabemos que carga con acusaciones de corrupción y pactos a conveniencia, y del otro, que vive de las confrontaciones y del show mediático. Lo triste es que, mientras ellos juegan a gladiadores en plena tribuna, los problemas del país siguen sin resolverse.

Y lo más grave es que se normalice esta conducta, como si insultarse y empujarse fuera parte de la vida parlamentaria. No, señores. La gente no los eligió para pelear como adolescentes, sino para legislar con seriedad. La silla en el Senado debería pesar, no convertirse en una tarima de lucha libre.

Lo que sucedió en la tribuna no es sólo un pleito personal, es el reflejo de una clase política que se olvida de su responsabilidad y cree que el poder es un espectáculo. Y no, no es un show, es México, es el futuro de todos.

Qué vergüenza.

 

Que Dios los bendiga, gracias. Leo sus comentarios en mis redes sociales…