La reforma electoral de la que hablamos ayer se aprobará este jueves o viernes, a más tardar.

Centa con mayoría calificada asegurada gracias al bloque de Morena, PT y PVEM, así que aunque PAN y PRI protesten públicamente y voten en contra, la realidad es que difícilmente podrán frenarla.

Los partidos de oposición tienen buenos argumentos. La reforma sí podría disminuir la representación de minorías al reducir regidores; incrementa el riesgo de concentrar nuevamente el control en las dirigencias y pudiera generar complicaciones al aprobar cambios tan cerca del proceso electoral de 2027. Sin embargo, estas voces tienen poca fuerza.

El verdadero debate no está en si se aprobará o no, sino en las consecuencias políticas que traerá rumbo al 2027.

Y hay otro punto que empieza a preocupar dentro de todos los partidos, ante la situación que se esta viviendo en el pais,  el miedo a que el crimen organizado siga infiltrando candidaturas.

Y quizá por eso uno de los aliados de Morena en Tamaulipas, el Partido Verde Ecologista, fue más allá de la propia reforma al anunciar controles de confianza ministeriales como requisito para obtener una candidatura, y no hasta el 2030, sino desde el proceso electoral de 2027.

El objetivo es impedir que perfiles con posibles vínculos con la delincuencia organizada o antecedentes de corrupción lleguen a cargos de elección popular.

Y en teoría suena excelente la medida, el problema es la realidad política mexicana.

Porque si aplicaran filtros verdaderamente estrictos, como los que son sometidos los policías, los partidos se quedarían sin candidatos. ¡Imagínese! Si de por sí no encuentran candidatos, con esos candados menos.

Lamentablemente, los buenos cuadros politicos escasean y Cada que aparece uno, existe el riesgo de estar relacionado con grupos delictivos.

Tan solo durante el sexenio de Claudia Sheinbaum suman ya 85  funcionarios y exfuncionarios detenidos por presuntos nexos con el crimen organizado, incluidos varios presidentes municipales, sin contar los aún investigados.

Es por eso que los partidos buscan  endurecer discursos, filtros y controles internos rumbo al próximo proceso electoral.

Y ese es probablemente el tema más delicado que enfrenta hoy la democracia mexicana.

¿No cree usted?

Que Dios los bendiga, gracias.

 Leo sus comentarios en mis redes sociales.