“No es tarea de la Universidad ofrecer lo que la sociedad le pide, sino lo que la sociedad necesita…””

Edsger Wybe/Científico holandés

En la última década del siglo pasado –la de los 90– un anuncio publicado en El Norte de Monterrey, marcó la visión externa sobre las en ese entonces, condiciones académicas de la educación superior pública en Tamaulipas.

El anuncio solicitaba profesionales para una rama determinada y al final del mismo un aviso destacaba, hiriente: Egresados de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, abstenerse.

En los hechos, esa visión no correspondía en justicia plena a la capacidad docente de su enseñanza, pero era reflejo de una imagen que lastimaba fuera de la geografía estatal a nuestra máxima casa de estudios, derivada de la anarquía, muchas veces violenta, impuesta en la misma por sus grupos estudiantiles de poder interno.

Han transcurrido más de tres décadas de aquel escenario.

Ayer, me encontré con una noticia que me deja claro que ese entorno es historia que debe ser recordada, para mostrar y exhibir el desarrollo de la UAT en esos más de treinta años. Hela aquí:

Estudiantes de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) se coronaron con el primer y segundo lugar en el cuarto Concurso Universitario de Mediación, organizado por la Universidad de Monterrey (UDEM).

No es una victoria trivial ni circunstancial por dos razones.

La primera:

El tema, la mediación, se ha convertido en punto toral de las relaciones humanas en muchas áreas, una de ellas, la de la justicia, que ha dado lugar a la implantación de tribunales dedicados a resolver conflictos, dentro del marco de la ley, a través del diálogo y la concertación.  El triunfo lo consiguieron los alumnos de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del Campus Tampico, quienes obtuvieron los mejores puntajes gracias a sus habilidades de comunicación y dominio de la mediación. La importancia de esta herramienta social habla por sí sola.

La segunda:

Este resultado se obtuvo precisamente en Nuevo León, donde una treintena de años atrás se veía a la UAT como “el negrito del arroz” en su nivel de enseñanza y hoy, en el mismo territorio, nuestra máxima institución docente ha plasmado que compite en su nivel de formación profesional con los mejores planteles públicos y privados de México. Nada menos que en la Universidad de Monterrey –UDEM– que pelea codo con codo por el “top” académico con el Tecnológico de esa misma ciudad.

Como ex alumno de la UAT y como tamaulipeco, me complace escribir estas líneas. Sin falsas pasiones ni rubores maquillados, vaya mi reconocimiento –y ojalá muchos más lo hicieran también– a su plantilla docente, a sus autoridades y desde luego, al rector.

Esto es sólo una muestra, ciertamente falta mucho camino por recorrer para afianzar este desarrollo, pero hoy, ni quien nos quite esta frase:

Tenemos universidad…

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