Hace apenas unos días se aprobó la reforma electoral que presume combatir el nepotismo político. El mensaje fue evitar que los cargos públicos se hereden entre familiares y cerrar el paso a los llamados cacicazgos.
Suena bien.
El problema es que basta voltear a ver lo que está ocurriendo ahora mismo en el país para entender que la discusión apenas comienza.
Esta semana arrancó el proceso interno de Morena para definir a quienes buscarán las gubernaturas que estarán en juego en 2027 y, desde antes de que iniciaran los registros, ya aparecieron nombres que han generado polémica precisamente por sus vínculos familiares o políticos.
Ahí está el caso de Félix Salgado Macedonio, quien busca suceder a su propia hija en Guerrero. También aparecen familiares de gobernadores, hijos de ex mandatarios, esposas de gobernadores en funciones y perfiles impulsados directamente desde los grupos que actualmente ocupan el poder.
Es decir, el debate sobre el nepotismo está lejos de terminar.
Una cosa es prohibir ciertas prácticas en la ley y otra muy distinta modificar la cultura política que durante décadas ha funcionado a través de grupos, equipos, estructuras familiares y relaciones de confianza.
Y Tamaulipas tampoco es ajeno a esa realidad.
Durante años hemos visto apellidos que se repiten, grupos políticos que se mantienen vigentes durante varias administraciones y liderazgos que construyen relevos dentro de sus propios círculos.
Por eso la verdadera prueba no fué la aprobación de la reforma, sino cuando comiencen a definirse las candidaturas de 2027.
Ahí veremos hasta dónde llega el compromiso de los partidos con el combate al nepotismo y hasta dónde siguen pesando los apellidos, los grupos políticos y las viejas estructuras de poder.
Porque “del dicho al hecho hay mucho trecho”.
¿No lo cree?
Que Dios los bendiga, gracias. Leo sus comentarios en mis redes sociales.